POESÍA INOLVIDABLE

POESÍA INOLVIDABLE

miércoles, 17 de octubre de 2012

VOLVER A EMPEZAR



Cuando los cielos se apagan
las estrellas dejan de brillar
los mares dejan de olear
la luna y el sol dejan de estar
pareciera que todo llegó a su final.


¿Que será mejor?
Sentarse en un rincon a esperar
y ver tinieblas y nada más
sentir como todo deja de existir
o ¿mejor será volver a empezar?
Mas fácil es dejar de intentar
para guardar fuerza para tu final
¿pero de qué sirven?
si nunca verás la luz brillar!
Por eso prefiero volver a empezar
gastar mis últimas fuerzas y continuar
y volver a fundamentar, restaurar y crear
una nueva fortaleza real.


Si no vuelvo a ver el sol brillar
y escuchar el romper de las olas del mar
que no sean porque no lo haya intentado hasta el final
Volver a empezar de cero
es un camino muy enigmático
pero gastaría hasta la última molécula de mi cuerpo
para descubrir cada enigma que tiene el futuro para mi.


Volver a empezar!
es lo que más quiero!
Volver a empezar
Es mi anhelo!

miércoles, 10 de octubre de 2012

SEMBRANDO

De aquel rincón bañado por los fulgores 
del sol que nuestro cielo triunfante llena; 
de la florida tierra donde entre flores 
se deslizó mi infancia dulce y serena; 
envuelto en los recuerdos de mi pasado, 

borroso cual lo lejos del horizonte, 
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado, 
del sembrador más raro que hubo en el monte. 

Aún no se si era sabio, loco o prudente 
aquel hombre que humilde traje vestía; 
sólo sé que al mirarle toda la gente 
con profundo respeto se descubría. 


Y es que acaso su gesto severo y noble 
a todos asombraba por lo arrogante: 
¡hasta los leñadores mirando al roble 
sienten las majestades de lo gigante! 
Una tarde de otoño subí a la sierra 
y al sembrador, sembrando, miré risueño; 
¡desde que existen hombres sobre la tierra 
nunca se ha trabajado con tanto empeño! 
Quise saber, curioso, lo que el demente 
sembraba en la montaña sola y bravía; 
el infeliz oyóme benignamente 
y me dijo con honda melancolía: 
Siembro robles y pinos y sicomoros; 
quiero llenar de frondas esta ladera, 
quiero que otros disfruten de los tesoros 
que darán estas plantas cuando yo muera. 

¿Por qué tantos afanes en la jornada 
sin buscar recompensa?— dije. Y el loco 
murmuró, con las manos sobre la azada: 
Acaso tú imagines que me equivoco; 
acaso, por ser niño, te asombre mucho 
el soberano impulso que mi alma enciende; 
por los que no trabajan, trabajo y lucho; 
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende! 
Hoy es el egoísmo torpe maestro 
a quien rendimos culto de varios modos: 
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro. 

¡Nunca al cielo pedimos pan para todos! 
En la propia miseria los ojos fijos, 
buscamos las riquezas que nos convienen 
y todo lo arrostramos por nuestros hijos. 

¿Es que los demás padres hijos no tienen?... 
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre 
y, en las guerras brutales con sed de robo, 
hay siempre un fratricida dentro del hombre, 
y el hombre para el hombre siempre es un lobo. 

Por eso cuando al mundo, triste, contemplo, 
yo me afano y me impongo ruda tarea 
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo 
aunque pobre y humilde parezca y sea. 
¡Hay que luchar por todos los que no luchan! 
¡Hay que pedir por todos los que no imploran! 
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan! 
¡Hay que llorar por todos los que no lloran! 
Hay que ser cual abejas que en la colmena 
fabrican para todos dulces panales. 

Hay que ser como el agua que va serena 
brindando al mundo entero frescos raudales. 
Hay que imitar al viento, que siembra flores 
lo mismo en la montaña que en la llanura, 
y hay que vivir la vida sembrando amores, 
con la vista y el alma siempre en la altura. 

Dijo el loco, y con noble melancolía 
por la breña del monte siguió trepando, 
y al perderse en las sombras, aún repetía: 
¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!... 




miércoles, 3 de octubre de 2012

AMOR, CUANDO YO MUERA

Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda,
ni llores sacudiéndote como quien estornuda,
ni sufras «pataletas» 
que al vecindario alarmen, 
ni para prevenirlas compres gotas del Carmen. 

No te sientes al lado de mi cajón mortuorio 
usando a tus cuñadas 
como reclinatorio; 
y cuando alguien, amada, se acerque a darte el pésame, 
no te le abras de brazos en actitud de ¡bésame! 

Hazte, amada, la sorda cuando algún güelefrito dictamine, 
observándome, que he quedado igualito. 
Y hazte la que no oye ni comprende ni mira 
cuando alguno comente que parece mentira. 

Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda: 
Yo quiero ser un muerto 
como los de Neruda; 
y por lo tanto, amada, no te enlutes ni llores: 
¡Eso es para los muertos esülo Julio Florez! 
No se te ocurra, amada, formar la gran «llorona» 
cada vez que te anuncien que llegó una corona; 
pero tampoco vayas a salir de 
indiscreta a curiosear el nombre que tiene la tarjeta. 

No grites, amada, que te lleve conmigo 
y que sin mí te quedas 
como en «Tomo y obligo», 
ni vayas a ponerte, con la voz desgarrada, 
a divulgar detalles de mi vida privada. 

Amor, cuando yo muera no hagas lo que hacen todas; 
no copies sus estilos, no repitas sus modas: 
Que aunque en nieblas de olvido quede mi nombre extinto, 
¡sepa al menos el mundo que fui un muerto distinto!



martes, 25 de septiembre de 2012

DAME SEÑOR

Dame, Señor, un poco de sol, 

algo de trabajo y un poco de alegría.
Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla, una buena digestión y algo para digerir.
Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros.

No permitas que me preocupe demasiado 
por esta cosa embarazosa que soy yo.

Dame, Señor, la dosis de humor suficiente 
como para encontrar la felicidad en esta vida 
y ser provechoso para los demás.


Que siempre haya en mis labios una canción, 
una poesía o una historia para distraerme.

Enséñame a comprender los sufrimientos 
y a no ver en ellos una maldición.

Concédeme tener buen sentido, 
pues tengo mucha necesidad de él.

Señor, concédeme la gracia, 
en este momento supremo de miedo y angustia, 
de recurrir al gran miedo
y a la asombrosa angustia
que tú experimentaste en el Monte de los Olivos 
antes de tu pasión.


Haz que a fuerza de meditar tu agonía, 
reciba el consuelo espiritual necesario 
para provecho de mi alma.

Concédeme, Señor, un espíritu abandonado, sosegado, apacible, caritativo, benévolo, dulce y compasivo.
Que en todas mis acciones, palabras y pensamientos experimente el gusto de tu Espíritu santo y bendito.

Dame, Señor, una fe plena, 
una esperanza firme y una ardiente caridad.

Que yo no ame a nadie contra tu voluntad, 
sino a todas las cosas en función de tu querer.
Rodéame de tu amor y de tu favor.





domingo, 16 de septiembre de 2012

VIVO SIN VIVIR EN MI


 Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero, 
que muero porque no muero. 

 Vivo ya fuera de mí, 
 después que muero de amor; 
 porque vivo en el Señor, 
 que me quiso para sí: 
 cuando el corazón le di 
 puso en él este letrero, 
 que muero porque no muero. 

 Esta divina prisión, 
 del amor en que yo vivo, 
 ha hecho a Dios mi cautivo, 
 y libre mi corazón; 
 y causa en mí tal pasión 
 ver a Dios mi prisionero, 
 que muero porque no muero. 

 ¡Ay, qué larga es esta vida! 
 ¡Qué duros estos destierros, 
 esta cárcel, estos hierros 
 en que el alma está metida! 
 Sólo esperar la salida 
 me causa dolor tan fiero, 
 que muero porque no muero. 

 ¡Ay, qué vida tan amarga 
 do no se goza el Señor! 
 Porque si es dulce el amor, 
 no lo es la esperanza larga: 
 quíteme Dios esta carga, 
 más pesada que el acero, 
 que muero porque no muero. 

 Sólo con la confianza 
 vivo de que he de morir, 
 porque muriendo el vivir 
 me asegura mi esperanza; 
 muerte do el vivir se alcanza, 
 no te tardes, que te espero, 
 que muero porque no muero. 

 Mira que el amor es fuerte; 
 vida, no me seas molesta, 
 mira que sólo me resta, 
 para ganarte perderte. 

 Venga ya la dulce muerte, 
 el morir venga ligero 
 que muero porque no muero. 

 Aquella vida de arriba, 
 que es la vida verdadera, 
 hasta que esta vida muera, 
 no se goza estando viva: 
 muerte, no me seas esquiva; 
 viva muriendo primero, 
 que muero porque no muero. 

 Vida, ¿qué puedo yo darle 
 a mi Dios que vive en mí, 
 si no es el perderte a ti, 
 para merecer ganarle? 
 Quiero muriendo alcanzarle, 
 pues tanto a mi Amado quiero, 
 que muero porque no muero. 




lunes, 10 de septiembre de 2012

MI AMADO PARA MI


Ya toda me entregué y di
y de tal suerte he trocado
que mi Amado para mi
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado
que mi Amado para mí
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor
y mi alma quedó hecha
una con su criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado para mí

y yo soy para mi Amado.




miércoles, 17 de octubre de 2012

VOLVER A EMPEZAR



Cuando los cielos se apagan
las estrellas dejan de brillar
los mares dejan de olear
la luna y el sol dejan de estar
pareciera que todo llegó a su final.


¿Que será mejor?
Sentarse en un rincon a esperar
y ver tinieblas y nada más
sentir como todo deja de existir
o ¿mejor será volver a empezar?
Mas fácil es dejar de intentar
para guardar fuerza para tu final
¿pero de qué sirven?
si nunca verás la luz brillar!
Por eso prefiero volver a empezar
gastar mis últimas fuerzas y continuar
y volver a fundamentar, restaurar y crear
una nueva fortaleza real.


Si no vuelvo a ver el sol brillar
y escuchar el romper de las olas del mar
que no sean porque no lo haya intentado hasta el final
Volver a empezar de cero
es un camino muy enigmático
pero gastaría hasta la última molécula de mi cuerpo
para descubrir cada enigma que tiene el futuro para mi.


Volver a empezar!
es lo que más quiero!
Volver a empezar
Es mi anhelo!

miércoles, 10 de octubre de 2012

SEMBRANDO

De aquel rincón bañado por los fulgores 
del sol que nuestro cielo triunfante llena; 
de la florida tierra donde entre flores 
se deslizó mi infancia dulce y serena; 
envuelto en los recuerdos de mi pasado, 

borroso cual lo lejos del horizonte, 
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado, 
del sembrador más raro que hubo en el monte. 

Aún no se si era sabio, loco o prudente 
aquel hombre que humilde traje vestía; 
sólo sé que al mirarle toda la gente 
con profundo respeto se descubría. 


Y es que acaso su gesto severo y noble 
a todos asombraba por lo arrogante: 
¡hasta los leñadores mirando al roble 
sienten las majestades de lo gigante! 
Una tarde de otoño subí a la sierra 
y al sembrador, sembrando, miré risueño; 
¡desde que existen hombres sobre la tierra 
nunca se ha trabajado con tanto empeño! 
Quise saber, curioso, lo que el demente 
sembraba en la montaña sola y bravía; 
el infeliz oyóme benignamente 
y me dijo con honda melancolía: 
Siembro robles y pinos y sicomoros; 
quiero llenar de frondas esta ladera, 
quiero que otros disfruten de los tesoros 
que darán estas plantas cuando yo muera. 

¿Por qué tantos afanes en la jornada 
sin buscar recompensa?— dije. Y el loco 
murmuró, con las manos sobre la azada: 
Acaso tú imagines que me equivoco; 
acaso, por ser niño, te asombre mucho 
el soberano impulso que mi alma enciende; 
por los que no trabajan, trabajo y lucho; 
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende! 
Hoy es el egoísmo torpe maestro 
a quien rendimos culto de varios modos: 
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro. 

¡Nunca al cielo pedimos pan para todos! 
En la propia miseria los ojos fijos, 
buscamos las riquezas que nos convienen 
y todo lo arrostramos por nuestros hijos. 

¿Es que los demás padres hijos no tienen?... 
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre 
y, en las guerras brutales con sed de robo, 
hay siempre un fratricida dentro del hombre, 
y el hombre para el hombre siempre es un lobo. 

Por eso cuando al mundo, triste, contemplo, 
yo me afano y me impongo ruda tarea 
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo 
aunque pobre y humilde parezca y sea. 
¡Hay que luchar por todos los que no luchan! 
¡Hay que pedir por todos los que no imploran! 
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan! 
¡Hay que llorar por todos los que no lloran! 
Hay que ser cual abejas que en la colmena 
fabrican para todos dulces panales. 

Hay que ser como el agua que va serena 
brindando al mundo entero frescos raudales. 
Hay que imitar al viento, que siembra flores 
lo mismo en la montaña que en la llanura, 
y hay que vivir la vida sembrando amores, 
con la vista y el alma siempre en la altura. 

Dijo el loco, y con noble melancolía 
por la breña del monte siguió trepando, 
y al perderse en las sombras, aún repetía: 
¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!... 




miércoles, 3 de octubre de 2012

AMOR, CUANDO YO MUERA

Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda,
ni llores sacudiéndote como quien estornuda,
ni sufras «pataletas» 
que al vecindario alarmen, 
ni para prevenirlas compres gotas del Carmen. 

No te sientes al lado de mi cajón mortuorio 
usando a tus cuñadas 
como reclinatorio; 
y cuando alguien, amada, se acerque a darte el pésame, 
no te le abras de brazos en actitud de ¡bésame! 

Hazte, amada, la sorda cuando algún güelefrito dictamine, 
observándome, que he quedado igualito. 
Y hazte la que no oye ni comprende ni mira 
cuando alguno comente que parece mentira. 

Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda: 
Yo quiero ser un muerto 
como los de Neruda; 
y por lo tanto, amada, no te enlutes ni llores: 
¡Eso es para los muertos esülo Julio Florez! 
No se te ocurra, amada, formar la gran «llorona» 
cada vez que te anuncien que llegó una corona; 
pero tampoco vayas a salir de 
indiscreta a curiosear el nombre que tiene la tarjeta. 

No grites, amada, que te lleve conmigo 
y que sin mí te quedas 
como en «Tomo y obligo», 
ni vayas a ponerte, con la voz desgarrada, 
a divulgar detalles de mi vida privada. 

Amor, cuando yo muera no hagas lo que hacen todas; 
no copies sus estilos, no repitas sus modas: 
Que aunque en nieblas de olvido quede mi nombre extinto, 
¡sepa al menos el mundo que fui un muerto distinto!



martes, 25 de septiembre de 2012

DAME SEÑOR

Dame, Señor, un poco de sol, 

algo de trabajo y un poco de alegría.
Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla, una buena digestión y algo para digerir.
Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros.

No permitas que me preocupe demasiado 
por esta cosa embarazosa que soy yo.

Dame, Señor, la dosis de humor suficiente 
como para encontrar la felicidad en esta vida 
y ser provechoso para los demás.


Que siempre haya en mis labios una canción, 
una poesía o una historia para distraerme.

Enséñame a comprender los sufrimientos 
y a no ver en ellos una maldición.

Concédeme tener buen sentido, 
pues tengo mucha necesidad de él.

Señor, concédeme la gracia, 
en este momento supremo de miedo y angustia, 
de recurrir al gran miedo
y a la asombrosa angustia
que tú experimentaste en el Monte de los Olivos 
antes de tu pasión.


Haz que a fuerza de meditar tu agonía, 
reciba el consuelo espiritual necesario 
para provecho de mi alma.

Concédeme, Señor, un espíritu abandonado, sosegado, apacible, caritativo, benévolo, dulce y compasivo.
Que en todas mis acciones, palabras y pensamientos experimente el gusto de tu Espíritu santo y bendito.

Dame, Señor, una fe plena, 
una esperanza firme y una ardiente caridad.

Que yo no ame a nadie contra tu voluntad, 
sino a todas las cosas en función de tu querer.
Rodéame de tu amor y de tu favor.





domingo, 16 de septiembre de 2012

VIVO SIN VIVIR EN MI


 Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero, 
que muero porque no muero. 

 Vivo ya fuera de mí, 
 después que muero de amor; 
 porque vivo en el Señor, 
 que me quiso para sí: 
 cuando el corazón le di 
 puso en él este letrero, 
 que muero porque no muero. 

 Esta divina prisión, 
 del amor en que yo vivo, 
 ha hecho a Dios mi cautivo, 
 y libre mi corazón; 
 y causa en mí tal pasión 
 ver a Dios mi prisionero, 
 que muero porque no muero. 

 ¡Ay, qué larga es esta vida! 
 ¡Qué duros estos destierros, 
 esta cárcel, estos hierros 
 en que el alma está metida! 
 Sólo esperar la salida 
 me causa dolor tan fiero, 
 que muero porque no muero. 

 ¡Ay, qué vida tan amarga 
 do no se goza el Señor! 
 Porque si es dulce el amor, 
 no lo es la esperanza larga: 
 quíteme Dios esta carga, 
 más pesada que el acero, 
 que muero porque no muero. 

 Sólo con la confianza 
 vivo de que he de morir, 
 porque muriendo el vivir 
 me asegura mi esperanza; 
 muerte do el vivir se alcanza, 
 no te tardes, que te espero, 
 que muero porque no muero. 

 Mira que el amor es fuerte; 
 vida, no me seas molesta, 
 mira que sólo me resta, 
 para ganarte perderte. 

 Venga ya la dulce muerte, 
 el morir venga ligero 
 que muero porque no muero. 

 Aquella vida de arriba, 
 que es la vida verdadera, 
 hasta que esta vida muera, 
 no se goza estando viva: 
 muerte, no me seas esquiva; 
 viva muriendo primero, 
 que muero porque no muero. 

 Vida, ¿qué puedo yo darle 
 a mi Dios que vive en mí, 
 si no es el perderte a ti, 
 para merecer ganarle? 
 Quiero muriendo alcanzarle, 
 pues tanto a mi Amado quiero, 
 que muero porque no muero. 




lunes, 10 de septiembre de 2012

MI AMADO PARA MI


Ya toda me entregué y di
y de tal suerte he trocado
que mi Amado para mi
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado
que mi Amado para mí
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor
y mi alma quedó hecha
una con su criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado para mí

y yo soy para mi Amado.




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