POESÍA INOLVIDABLE

POESÍA INOLVIDABLE

domingo, 25 de junio de 2017

EL ESCUDERO


(Para David Vallenilla, el valiente escudero y todos nuestros guerreros)



No pudo salvarlo, el escudero.

 Corrió rápido, con su escudo de
 cartón y sueños y saltó ante David,
 un segundo demasiado tarde.

 No eran realmente amigos,
 como, ya sabes, de la escuela
 o los scouts o vecinos de toda la vida.

 Eran más bien familia, a lo
 Enrique V, en donde todo aquel
 que derrama su sangre conmigo
 es mi hermano, en el día de San Crispín.

 Saltó con todas sus fuerzas, el escudero,
 pero la bala, disparada con odio,
 encontró su paso al cuello de David.
 “No te mueras, chamo”, rogó el escudero,
 mientras lo arrastraba fuera del peligro.

 Pero igual lo hizo.

 David murió en esa calle que fue
 campo de batalla, o su campo santo.

 David no tenía más arma que su juventud,
 su ingenuidad y quizás una piedra.

 Eso y su hambre de libertad.

 Demasiada amenaza para el guardia nacional,
 que jaló el gatillo y dejó a la bala volar.

 Algunos compañeros de lucha se
 llevaron el cuerpo.

Pero no el escudero.

 El escudero que atrás,
 se sentó en la acera.

 Y entonces el niño guerrero
 comenzó a llorar.

lunes, 29 de mayo de 2017

VENEZUELA ESTÁ VIVA


Me contaron que en tu país
hace falta maíz pero, no la tierra.

Que las balas son años sin declararle la guerra.

Que en las cajas fuertes hay papel higiénico.

Y en las calles se perdió por completo
el miedo escénico.

Me contaron que el incompetente y el presidente
son la misma persona.

Que la paz con el hambre ya no razona.

Me contaron que el miedo se escondió de la gente.

El que protesta lo tachan de delincuente.

Pero también me contaron que el sol sigue saliendo.

Que los gritos de las madres no pierden aliento.

Que la bandera todavía se mueve con el viento.

Y que las ventanas retumban del movimiento.

Porque la mentira le tiene miedo a lo cierto.

Porque Venezuela está viva.

Y el comandante está muerto.

domingo, 14 de mayo de 2017

LOS HIJOS INFINITOS


Cuando se tiene un hijo, 
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera, 
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga 
y al del coche que empuja la institutriz inglesa 
y al niño gringo que carga la criolla 
y al niño blanco que carga la negra 
y al niño indio que carga la india 
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños 
que la calle se llena 
y la plaza y el puente 
y el mercado y la iglesia 
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle 
y el coche lo atropella 
y cuando se asoma al balcón 
y cuando se arrima a la alberca; 
y cuando un niño grita, no sabemos 
si lo nuestro es el grito o es el niño, 
y si le sangran y se queja, 
por el momento no sabríamos 
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño 
que acompaña a la ciega 
y las Meninas y la misma enana 
y el Príncipe de Francia y su Princesa 
y el que tiene San Antonio en los brazos 
y el que tiene la Coromoto en las piernas.

Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala, 
todo llanto nos crispa, venga de donde venga. 

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro 
y el corazón afuera. 

Y cuando se tienen dos hijos 
se tienen todos los hijos de la tierra, 
los millones de hijos con que las tierras lloran, 
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan, 
los que Paul Fort quería con las manos unidas 
para que el mundo fuera la canción de una rueda, 
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño, 
quiere con Dios adentro y las tripas afuera, 
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima 
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra, 
porque basta para que salga toda la luz de un niño 
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos 
se tiene todo el miedo del planeta, 
todo el miedo a los hombres luminosos 
que quieren asesinar la luz y arriar las velas 
y ensangrentar las pelotas de goma 
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda. 

Cuando se tienen dos hijos 
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas, 
toda la angustia y toda la esperanza, 
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega, 
si el modo de llorar del universo 
el modo de alumbrar de las estrellas.







domingo, 16 de abril de 2017

EL CRISTO DE VELÁZQUEZ

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?

¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.

Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivifico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno. Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por ti quedó encumbrada. Desde entonces
por ti nos vivifica esa tu muerte,
por ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche.

Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.

Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dió toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.

Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.

Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno.

Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno.

Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!

EN ESTA TARDE, CRISTO DEL CALVARIO

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de mi cuerpo a tu cuerpo con vergüenza.

 ¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

 ¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

 Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.

El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

 Y sólo pido no pedirte nada.

Estar aquí junto a tu imagen muerta
e ir aprendiendo que el dolor es sólo

la llave santa de tu santa puerta.

viernes, 31 de marzo de 2017

NO TE RINDAS



 No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo, correr los escombros,
y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda, y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto. Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas, e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños
porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.

porque no estás solo, porque yo… te quiero.

viernes, 10 de marzo de 2017

MI PRIMER PACIENTE

Era una mañana de primavera 
y muchos aromas había en el ambiente 
cuando al sonar la hora primera 
tocó a la puerta mi primer paciente.

Una pobre mujer desesperada 
con un niño en brazos me miró de fijo 
y suplicó con palabra entrecortada: 
“doctor, doctor, salve a mi hijo”.

Un tierno retoño de cara angelical 
posaba en su regazo inconsciente 
denotando al parecer un grave mal 
que atacó su organismo de repente.

Examiné a la criatura con paciencia 
como un experto jardinero a su huerto, 
pero nada podía hacer mi ciencia 
porque aquel niño ya estaba muerto.

Un nudo forjose en mi garganta 
deteniendo el sonido de mi voz, 
su tragedia adivinó aquella santa 
y en silencio compartimos el dolor los dos.

Hoy, al recordar aquella madre y a su hijo 
que inútilmente mi ciencia atendiera 
de hinojos oré ante el crucifijo, 
y lloré, sin que nadie me viera…

miércoles, 15 de febrero de 2017

ESPÍRITU SIN NOMBRE


Espíritu sin nombre, 
indefinible esencia, 
yo vivo con la vida 
sin formas de la idea. 

Yo nado en el vacío, 
del sol tiemblo en la hoguera, 
palpito entre las sombras 
y floto con las nieblas. 

Yo soy el fleco de oro 
de la lejana estrella, 
yo soy de la alta luna 
la luz tibia y serena. 

Yo soy la ardiente nube 
que en el ocaso ondea, 
yo soy del astro errante 
la luminosa estela. 

Yo soy nieve en las cumbres, 
soy fuego en las arenas, 
azul onda en los mares 
y espuma en las riberas. 

En el laúd, soy nota, 
perfume en la violeta, 
fugaz llama en las tumbas 
y en las ruinas yedra. 

Yo atrueno en el torrente 
y silbo en la centella, 
y ciego en el relámpago 
y rujo en la tormenta. 

Yo río en los alcores, 
susurro en la alta yerba, 
suspiro en la onda pura 
y lloro en la hoja seca. 

Yo ondulo con los átomos 
del humo que se eleva 
y al cielo lento sube 
en espiral inmensa. 

Yo, en los dorados hilos 
que los insectos cuelgan 
me mezclo entre los árboles 
en la ardorosa siesta. 

Yo corro tras las ninfas 
que, en la corriente fresca 
del cristalino arroyo, 
desnudas juguetean. 

Yo, en bosques de corales 
que alfombran blancas perlas, 
persigo en el océano 
las náyades ligeras. 

Yo, en las cavernas cóncavas 
do el sol nunca penetra, 
mezclándome a los gnomos, 
contemplo sus riquezas. 

Yo busco de los siglos 
las ya borradas huellas, 
y sé de esos imperios 
de que ni el nombre queda. 

Yo sigo en raudo vértigo 
los mundos que voltean, 
y mi pupila abarca 
la creación entera. 

Yo sé de esas regiones 
a do un rumor no llega, 
y donde informes astros 
de vida un soplo esperan. 

Yo soy sobre el abismo 
el puente que atraviesa, 
yo soy la ignota escala 
que el cielo une a la tierra, 

Yo soy el invisible 
anillo que sujeta 
el mundo de la forma 
al mundo de la idea. 

Yo, en fin, soy ese espíritu, 
desconocida esencia, 
perfume misterioso 
de que es vaso el poeta.

sábado, 11 de febrero de 2017

CANCIÓN DE CARNAVAL


Musa, la máscara apresta,
ensaya un aire jovial
y goza y ríe en la fiesta
del Carnaval.

Ríe en la danza que gira,
muestra la pierna rosada,
y suene, como una lira,
tu carcajada.

Para volar más ligera
ponte dos hojas de rosa,
como hace tu compañera
la mariposa.

Y que en tu boca risueña,
que se une al alegre coro,
deje la abeja porteña
su miel de oro.

Únete a la mascarada,
y mientras muequea un clown
con la faz pintarrajeada
como Frank Brown;

mientras Arlequín revela
que al prisma sus tintes roba
y aparece Pulchinela
con su joroba,

di a Colombina la bella
lo que de ella pienso yo,
y descorcha una botella
para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima
sus amores con la Luna
y te haga un poema en una
pantomima.

Da al aire la serenata,
toca el auro bandolín,
lleva un látigo de plata
para el spleen.

Sé lírica y sé bizarra;
con la cítara sé griega;
o gaucha, con la guitarra
de Santos Vega.

Mueve tu espléndido torso
por las calles pintorescas,
y juega y adorna el Corso
con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro
de Andrade en el regio nido,
y en la hopalanda de Guido,
polvo de oro.

Penas y duelos olvida,
canta deleites y amores;
busca la flor de las flores
por Florida:

Con la armonía te encantas
de las rimas de cristal,
y deshojas a sus plantas,
un madrigal.

Piruetea, baila, inspira
versos locos y joviales;
celebre la alegre lira
los carnavales.

Sus gritos y sus canciones,
sus comparsas y sus trajes,
sus perlas, tintes y encajes
y pompones.

Y lleve la rauda brisa,
sonora, argentina, fresca,
¡la victoria de tu risa

funambulesca!

martes, 27 de diciembre de 2016

AÑO NUEVO



A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.


domingo, 25 de junio de 2017

EL ESCUDERO


(Para David Vallenilla, el valiente escudero y todos nuestros guerreros)



No pudo salvarlo, el escudero.

 Corrió rápido, con su escudo de
 cartón y sueños y saltó ante David,
 un segundo demasiado tarde.

 No eran realmente amigos,
 como, ya sabes, de la escuela
 o los scouts o vecinos de toda la vida.

 Eran más bien familia, a lo
 Enrique V, en donde todo aquel
 que derrama su sangre conmigo
 es mi hermano, en el día de San Crispín.

 Saltó con todas sus fuerzas, el escudero,
 pero la bala, disparada con odio,
 encontró su paso al cuello de David.
 “No te mueras, chamo”, rogó el escudero,
 mientras lo arrastraba fuera del peligro.

 Pero igual lo hizo.

 David murió en esa calle que fue
 campo de batalla, o su campo santo.

 David no tenía más arma que su juventud,
 su ingenuidad y quizás una piedra.

 Eso y su hambre de libertad.

 Demasiada amenaza para el guardia nacional,
 que jaló el gatillo y dejó a la bala volar.

 Algunos compañeros de lucha se
 llevaron el cuerpo.

Pero no el escudero.

 El escudero que atrás,
 se sentó en la acera.

 Y entonces el niño guerrero
 comenzó a llorar.

lunes, 29 de mayo de 2017

VENEZUELA ESTÁ VIVA


Me contaron que en tu país
hace falta maíz pero, no la tierra.

Que las balas son años sin declararle la guerra.

Que en las cajas fuertes hay papel higiénico.

Y en las calles se perdió por completo
el miedo escénico.

Me contaron que el incompetente y el presidente
son la misma persona.

Que la paz con el hambre ya no razona.

Me contaron que el miedo se escondió de la gente.

El que protesta lo tachan de delincuente.

Pero también me contaron que el sol sigue saliendo.

Que los gritos de las madres no pierden aliento.

Que la bandera todavía se mueve con el viento.

Y que las ventanas retumban del movimiento.

Porque la mentira le tiene miedo a lo cierto.

Porque Venezuela está viva.

Y el comandante está muerto.

domingo, 14 de mayo de 2017

LOS HIJOS INFINITOS


Cuando se tiene un hijo, 
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera, 
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga 
y al del coche que empuja la institutriz inglesa 
y al niño gringo que carga la criolla 
y al niño blanco que carga la negra 
y al niño indio que carga la india 
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños 
que la calle se llena 
y la plaza y el puente 
y el mercado y la iglesia 
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle 
y el coche lo atropella 
y cuando se asoma al balcón 
y cuando se arrima a la alberca; 
y cuando un niño grita, no sabemos 
si lo nuestro es el grito o es el niño, 
y si le sangran y se queja, 
por el momento no sabríamos 
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño 
que acompaña a la ciega 
y las Meninas y la misma enana 
y el Príncipe de Francia y su Princesa 
y el que tiene San Antonio en los brazos 
y el que tiene la Coromoto en las piernas.

Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala, 
todo llanto nos crispa, venga de donde venga. 

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro 
y el corazón afuera. 

Y cuando se tienen dos hijos 
se tienen todos los hijos de la tierra, 
los millones de hijos con que las tierras lloran, 
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan, 
los que Paul Fort quería con las manos unidas 
para que el mundo fuera la canción de una rueda, 
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño, 
quiere con Dios adentro y las tripas afuera, 
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima 
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra, 
porque basta para que salga toda la luz de un niño 
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos 
se tiene todo el miedo del planeta, 
todo el miedo a los hombres luminosos 
que quieren asesinar la luz y arriar las velas 
y ensangrentar las pelotas de goma 
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda. 

Cuando se tienen dos hijos 
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas, 
toda la angustia y toda la esperanza, 
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega, 
si el modo de llorar del universo 
el modo de alumbrar de las estrellas.







domingo, 16 de abril de 2017

EL CRISTO DE VELÁZQUEZ

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?

¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.

Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivifico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno. Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por ti quedó encumbrada. Desde entonces
por ti nos vivifica esa tu muerte,
por ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche.

Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.

Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dió toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.

Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.

Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno.

Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno.

Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!

EN ESTA TARDE, CRISTO DEL CALVARIO

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de mi cuerpo a tu cuerpo con vergüenza.

 ¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

 ¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

 Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.

El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

 Y sólo pido no pedirte nada.

Estar aquí junto a tu imagen muerta
e ir aprendiendo que el dolor es sólo

la llave santa de tu santa puerta.

viernes, 31 de marzo de 2017

NO TE RINDAS



 No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo, correr los escombros,
y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda, y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto. Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas, e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños
porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.

porque no estás solo, porque yo… te quiero.

viernes, 10 de marzo de 2017

MI PRIMER PACIENTE

Era una mañana de primavera 
y muchos aromas había en el ambiente 
cuando al sonar la hora primera 
tocó a la puerta mi primer paciente.

Una pobre mujer desesperada 
con un niño en brazos me miró de fijo 
y suplicó con palabra entrecortada: 
“doctor, doctor, salve a mi hijo”.

Un tierno retoño de cara angelical 
posaba en su regazo inconsciente 
denotando al parecer un grave mal 
que atacó su organismo de repente.

Examiné a la criatura con paciencia 
como un experto jardinero a su huerto, 
pero nada podía hacer mi ciencia 
porque aquel niño ya estaba muerto.

Un nudo forjose en mi garganta 
deteniendo el sonido de mi voz, 
su tragedia adivinó aquella santa 
y en silencio compartimos el dolor los dos.

Hoy, al recordar aquella madre y a su hijo 
que inútilmente mi ciencia atendiera 
de hinojos oré ante el crucifijo, 
y lloré, sin que nadie me viera…

miércoles, 15 de febrero de 2017

ESPÍRITU SIN NOMBRE


Espíritu sin nombre, 
indefinible esencia, 
yo vivo con la vida 
sin formas de la idea. 

Yo nado en el vacío, 
del sol tiemblo en la hoguera, 
palpito entre las sombras 
y floto con las nieblas. 

Yo soy el fleco de oro 
de la lejana estrella, 
yo soy de la alta luna 
la luz tibia y serena. 

Yo soy la ardiente nube 
que en el ocaso ondea, 
yo soy del astro errante 
la luminosa estela. 

Yo soy nieve en las cumbres, 
soy fuego en las arenas, 
azul onda en los mares 
y espuma en las riberas. 

En el laúd, soy nota, 
perfume en la violeta, 
fugaz llama en las tumbas 
y en las ruinas yedra. 

Yo atrueno en el torrente 
y silbo en la centella, 
y ciego en el relámpago 
y rujo en la tormenta. 

Yo río en los alcores, 
susurro en la alta yerba, 
suspiro en la onda pura 
y lloro en la hoja seca. 

Yo ondulo con los átomos 
del humo que se eleva 
y al cielo lento sube 
en espiral inmensa. 

Yo, en los dorados hilos 
que los insectos cuelgan 
me mezclo entre los árboles 
en la ardorosa siesta. 

Yo corro tras las ninfas 
que, en la corriente fresca 
del cristalino arroyo, 
desnudas juguetean. 

Yo, en bosques de corales 
que alfombran blancas perlas, 
persigo en el océano 
las náyades ligeras. 

Yo, en las cavernas cóncavas 
do el sol nunca penetra, 
mezclándome a los gnomos, 
contemplo sus riquezas. 

Yo busco de los siglos 
las ya borradas huellas, 
y sé de esos imperios 
de que ni el nombre queda. 

Yo sigo en raudo vértigo 
los mundos que voltean, 
y mi pupila abarca 
la creación entera. 

Yo sé de esas regiones 
a do un rumor no llega, 
y donde informes astros 
de vida un soplo esperan. 

Yo soy sobre el abismo 
el puente que atraviesa, 
yo soy la ignota escala 
que el cielo une a la tierra, 

Yo soy el invisible 
anillo que sujeta 
el mundo de la forma 
al mundo de la idea. 

Yo, en fin, soy ese espíritu, 
desconocida esencia, 
perfume misterioso 
de que es vaso el poeta.

sábado, 11 de febrero de 2017

CANCIÓN DE CARNAVAL


Musa, la máscara apresta,
ensaya un aire jovial
y goza y ríe en la fiesta
del Carnaval.

Ríe en la danza que gira,
muestra la pierna rosada,
y suene, como una lira,
tu carcajada.

Para volar más ligera
ponte dos hojas de rosa,
como hace tu compañera
la mariposa.

Y que en tu boca risueña,
que se une al alegre coro,
deje la abeja porteña
su miel de oro.

Únete a la mascarada,
y mientras muequea un clown
con la faz pintarrajeada
como Frank Brown;

mientras Arlequín revela
que al prisma sus tintes roba
y aparece Pulchinela
con su joroba,

di a Colombina la bella
lo que de ella pienso yo,
y descorcha una botella
para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima
sus amores con la Luna
y te haga un poema en una
pantomima.

Da al aire la serenata,
toca el auro bandolín,
lleva un látigo de plata
para el spleen.

Sé lírica y sé bizarra;
con la cítara sé griega;
o gaucha, con la guitarra
de Santos Vega.

Mueve tu espléndido torso
por las calles pintorescas,
y juega y adorna el Corso
con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro
de Andrade en el regio nido,
y en la hopalanda de Guido,
polvo de oro.

Penas y duelos olvida,
canta deleites y amores;
busca la flor de las flores
por Florida:

Con la armonía te encantas
de las rimas de cristal,
y deshojas a sus plantas,
un madrigal.

Piruetea, baila, inspira
versos locos y joviales;
celebre la alegre lira
los carnavales.

Sus gritos y sus canciones,
sus comparsas y sus trajes,
sus perlas, tintes y encajes
y pompones.

Y lleve la rauda brisa,
sonora, argentina, fresca,
¡la victoria de tu risa

funambulesca!

martes, 27 de diciembre de 2016

AÑO NUEVO



A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.


Poesìa Inolvidable

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