POESÍA INOLVIDABLE

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miércoles, 8 de agosto de 2018

UNA HOJA DE HIERBA

Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.

Descubro que en mí,
se incorporaron, el gneiss y el carbón,
el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.

Que estoy estucado totalmente
con los cuadrúpedos y los pájaros,
que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
y que puedo hacerlo volver atrás,
y hacia mí, cuando quiera.

Es vano acelerar la vergüenza,
es vano que las plutónicas rocas,
me envíen su calor al acercarme,
es vano que el mastodonte se retrase,
y se oculte detrás del polvo de sus huesos,
es vano que se alejen los objetos muchas leguas
y asuman formas multitudinales,
es vano que el océano esculpa calaveras
y se oculten en ellas los monstruos marinos,
es vano que el aguilucho
use de morada el cielo,
es vano que la serpiente se deslice
entre lianas y troncos,
es vano que el reno huya
refugiándose en lo recóndito del bosque,
es vano que las morsas se dirijan al norte
al Labrador.

Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido
en la fisura del peñasco.

Una araña paciente y silenciosa

Una araña paciente y silenciosa,
vi en el pequeño promontorio en que
sola se hallaba,
vi cómo para explorar el vasto
espacio vacío circundante,
lanzaba, uno tras otro, filamentos,
filamentos, filamentos de sí misma.

Y tú, alma mía, allí donde te encuentras,
circundada, apartada,
en inmensurables océanos de espacio,
meditando, aventurándote, arrojándote,
buscando si cesar las esferas
para conectarlas,
hasta que se tienda el puente que precisas,
hasta que el ancla dúctil quede asida,
hasta que la telaraña que tú emites
prenda en algún sitio, oh alma mía.
¡Oh yo, vida!
¡Oh yo, vida! Todas estas cuestiones me asaltan,
Del desfile interminable de los desleales,
De ciudades llenas de necios,
De mí mismo, que me reprocho siempre, pues,
¿Quién es más necio que yo, ni más desleal?
De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
Despreciables, de la lucha siempre renovada,
De los malos resultados de todo, de las multitudes
Afanosas y sórdidas que me rodean,
De los años vacíos e inútiles de los demás,
Yo entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que
Vuelve: “¿Qué hay de bueno en todo esto?”
Y la respuesta:
“Que estás aquí, que existen la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama y que quizás
Tú contribuyes a él con tu rima”.

Me celebro y me canto a mí mismo
Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir,
Pues cada átomo mío es también tuyo.
Vago al azar e invito a vagar a mi alma.

Vago y me tumbo sobre la tierra,
Para contemplar un tallo de hierba.

Mi lengua, cada molécula de mi sangre formada por esta tierra y este aire.
Nacido aquí de padres cuyos padres nacieron aquí y
Cuyos padres también aquí nacieron.

A los treita y siete años de edad, gozando de perfecta salud,
Comienzo y espero no detenerme hasta morir.

Que se callen los credos y las escuelas,
Que retrocedan un momento, conscientes de lo que son y
Sin olvidarlo nunca.

Me brindo al bien y al mal, me permito hablar hasta correr peligro.

Naturaleza sin freno, original energía.

Con estrépitos de músicas vengo
Con estrépitos de músicas vengo,
con cornetas y tambores.

Mis marchas no suenan solo para los victoriosos,
sino para los derrotados y los muertos también.
Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.

Pues yo digo que es tan glorioso perderla.
¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!
¡Hurra por los muertos!
Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre, por ellos.
¡Hurra por los que cayeron,
por los barcos que se hundieron en la mar,
y por los que perecieron ahogados!
¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes
vencidos!
Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes mas
grandes de la Historia.

lunes, 18 de julio de 2016

EL DÌA DE VERANO



¿Quién creó el mundo?
¿Quién dio forma al cisne, al oso negro?
¿Quién hizo al saltamontes?

Me refiero a este saltamontes,

el que acaba de saltar en la hierba,

el que ahora come azúcar de mi mano,
el que mueve las fauces de atrás para adelante y no de arriba abajo,
el que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.
Ahora levanta una de sus patas y se lava la cara cuidadosamente.
Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.
Yo no sé con certeza lo que es una oración.
Sin embargo sé prestar atención
y sé cómo caer sobre la hierba,
cómo arrodillarme en la hierba,
cómo ser bendita y perezosa,
cómo andar por el campo,
que es lo que llevo haciendo todo el día.
Dime, ¿qué más debería haber hecho?
¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?

Dime, ¿qué planeas hacer con tu preciosa, salvaje, única, vida?

jueves, 12 de marzo de 2015

A Elena


Te vi a punto.
Era una noche de julio,
Noche tibia y perfumada,
Noche diáfana...
De la luna plena límpida,
Límpida como tu alma,
Descendían
Sobre el parque adormecido
Gráciles velos de plata.

Ni una ráfaga
El infinito silencio
Y la quietud perturbaban
En el parque...
Evaporaban las rosas
Los perfumes de sus almas
Para que los recogieras
En aquella noche mágica;
Para que tú los gozases
Su último aliento exhalaban
Como en una muerte dulce,
Como en una muerte lánguida,
Y era una selva encantada,
Y era una noche divina
Llena de místicos sueños
Y claridades fantásticas.

Toda de blanco vestida,
 Toda blanca,
Sobre un ramo de violetas
Reclinada
Te veía
Y a las rosas moribundas
Y a ti, una luz tenue y diáfana
Muy suavemente
Alumbraba,
Luz de perla diluida
En un éter de suspiros
Y de evaporadas lágrimas. 

¿Qué hado extraño 
¿Fue ventura? ¿Fue desgracia?
Me condujo aquella noche
Hasta el parque de las rosas
Que exhalaban
Los suspiros perfumados
De sus almas?
Ni una hoja
Susurraba; 
No se oía
Una pisada;
Todo mudo,
Todo en sueños,
Menos tú y yo
 ¡Cuál me agito
Al unir las dos palabras! -
Menos tú y yo... De repente
Todo cambia. 

¡Oh, el parque de los misterios!
¡Oh, la región encantada!
Todo, todo,
Todo cambia.
De la luna la luz límpida
La luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
Muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.

Menos tú y yo, todo huye,
Todo muere,
Todo pasa...
Todo se apaga y extingue
Menos tus hondas miradas. 

¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
Aquellos ojos brillantes,
¡Oh mi amada! Todo, todo,
Todo cambia.


De la luna la luz límpida
La luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
Muere en las dormidas auras.

Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.

Menos tú y yo, todo huye,
Todo muere,
Todo pasa...
Todo se apaga y extingue
Menos tus hondas miradas.
¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
Aquellos ojos brillantes,
¡Oh mi amada!
¿Qué tristezas irreales,
Qué tristezas extrahumanas!
La luz tibia de esos ojos
Leyendas de amor relata. 

¡Qué misteriosos dolores,
Qué sublimes esperanzas,
Qué mudas renunciaciones
Expresan aquellos ojos
que en la sombra
Fijan en mí su mirada!
Noche oscura. Ya Diana
Entre turbios nubarrones,
Lentamente,
Hundió la faz plateada,
Y tú sola
En medio de la avenida,
Te deslizas
Irreal, mística y blanca,
Te deslizas y te alejas incorpórea
Cual fantasma.


Sólo flotan tus miradas.
¡Sólo tus ojos perennes,
Tus ojos de honda mirada
Fijos quedan en mi alma!
A través de los espacios y los tiempos,
Marcan,
Marcan mi sendero
Y no me dejan
Cual me dejó la esperanza.


Van siguiéndome, siguiéndome
Como dos estrellas cándidas;
Cual fijas estrellas dobles
En los cielos apareadas
En la noche solitaria.


Ellos solos purifican
Mi alma toda con sus rayos
Y mi corazón abrasan,
Y me prosterno ante ellos
Con adoración extática,
Y en el día
No se ocultan
Cual se ocultó mi esperanza.
De todas partes me siguen
Mirándome fijamente
Con sus místicas miradas. 

Misteriosas, divinales
Me persiguen sus miradas
Como dos estrellas fijas,
Como dos estrellas tristes,
¡Como dos estrellas blancas!

martes, 26 de marzo de 2013

A ELENA

Te vi a punto.
Era una noche de julio,
Noche tibia y perfumada,
Noche diáfana...

De la luna plena límpida,
Límpida como tu alma,
Descendían
Sobre el parque adormecido
Gráciles velos de plata.

Ni una ráfaga
El infinito silencio
Y la quietud perturbaban
En el parque...

Evaporaban las rosas
Los perfumes de sus almas
Para que los recogieras
En aquella noche mágica;
Para que tú los gozases
Su último aliento exhalaban
Como en una muerte dulce,
Como en una muerte lánguida,
Y era una selva encantada,
Y era una noche divina
Llena de místicos sueños
Y claridades fantásticas.

Toda de blanco vestida,
Toda blanca,
Sobre un ramo de violetas
Reclinada
Te veía
Y a las rosas moribundas
Y a ti, una luz tenue y diáfana
Muy suavemente
Alumbraba,
Luz de perla diluida
En un éter de suspiros
Y de evaporadas lágrimas.

¿Qué hado extraño
¿Fue ventura? ¿Fue desgracia?
Me condujo aquella noche
Hasta el parque de las rosas
Que exhalaban
Los suspiros perfumados
De sus almas?

Ni una hoja
Susurraba;
No se oía
Una pisada;
Todo mudo,
Todo en sueños,
Menos tú y yo
¡Cuál me agito
Al unir las dos palabras! 
Menos tú y yo... De repente
Todo cambia.
¡Oh, el parque de los misterios!
¡Oh, la región encantada!

Todo, todo,
Todo cambia.
De la luna la luz límpida
La luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
Muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.
Menos tú y yo, todo huye,
Todo muere,
Todo pasa...
Todo se apaga y extingue
Menos tus hondas miradas.

¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
Aquellos ojos brillantes,
¡Oh mi amada! Todo, todo,
Todo cambia.

De la luna la luz límpida
La luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
Muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.
Menos tú y yo, todo huye,
Todo muere,
Todo pasa...

Todo se apaga y extingue
Menos tus hondas miradas.
¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
Aquellos ojos brillantes,
¡Oh mi amada!

¿Qué tristezas irreales,
Qué tristezas extrahumanas!
La luz tibia de esos ojos
Leyendas de amor relata.
¡Qué misteriosos dolores,
Qué sublimes esperanzas,
Qué mudas renunciaciones
Expresan aquellos ojos
que en la sombra
Fijan en mí su mirada!

Noche oscura. Ya Diana
Entre turbios nubarrones,
Lentamente,
Hundió la faz plateada,
Y tú sola
En medio de la avenida,
Te deslizas
Irreal, mística y blanca,
Te deslizas y te alejas incorpórea
Cual fantasma.

Sólo flotan tus miradas.

¡Sólo tus ojos perennes,
Tus ojos de honda mirada
Fijos quedan en mi alma!

A través de los espacios y los tiempos,
Marcan,
Marcan mi sendero
Y no me dejan
Cual me dejó la esperanza.

Van siguiéndome, siguiéndome
Como dos estrellas cándidas;
Cual fijas estrellas dobles
En los cielos apareadas
En la noche solitaria.

Ellos solos purifican
Mi alma toda con sus rayos
Y mi corazón abrasan,
Y me prosterno ante ellos
Con adoración extática,
Y en el día
No se ocultan
Cual se ocultó mi esperanza.

De todas partes me siguen
Mirándome fijamente
Con sus místicas miradas.
Misteriosas, divinales
Me persiguen sus miradas
¡Como dos estrellas fijas!
¡Como dos estrellas tristes!
¡Como dos estrellas blanca!

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    miércoles, 8 de agosto de 2018

    UNA HOJA DE HIERBA

    Creo que una hoja de hierba, no es menos
    que el día de trabajo de las estrellas,
    y que una hormiga es perfecta,
    y un grano de arena,
    y el huevo del régulo,
    son igualmente perfectos,
    y que la rana es una obra maestra,
    digna de los señalados,
    y que la zarzamora podría adornar,
    los salones del paraíso,
    y que la articulación más pequeña de mi mano,
    avergüenza a las máquinas,
    y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
    supera todas las estatuas,
    y que un ratón es milagro suficiente,
    como para hacer dudar,
    a seis trillones de infieles.

    Descubro que en mí,
    se incorporaron, el gneiss y el carbón,
    el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.

    Que estoy estucado totalmente
    con los cuadrúpedos y los pájaros,
    que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
    y que puedo hacerlo volver atrás,
    y hacia mí, cuando quiera.

    Es vano acelerar la vergüenza,
    es vano que las plutónicas rocas,
    me envíen su calor al acercarme,
    es vano que el mastodonte se retrase,
    y se oculte detrás del polvo de sus huesos,
    es vano que se alejen los objetos muchas leguas
    y asuman formas multitudinales,
    es vano que el océano esculpa calaveras
    y se oculten en ellas los monstruos marinos,
    es vano que el aguilucho
    use de morada el cielo,
    es vano que la serpiente se deslice
    entre lianas y troncos,
    es vano que el reno huya
    refugiándose en lo recóndito del bosque,
    es vano que las morsas se dirijan al norte
    al Labrador.

    Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido
    en la fisura del peñasco.

    Una araña paciente y silenciosa

    Una araña paciente y silenciosa,
    vi en el pequeño promontorio en que
    sola se hallaba,
    vi cómo para explorar el vasto
    espacio vacío circundante,
    lanzaba, uno tras otro, filamentos,
    filamentos, filamentos de sí misma.

    Y tú, alma mía, allí donde te encuentras,
    circundada, apartada,
    en inmensurables océanos de espacio,
    meditando, aventurándote, arrojándote,
    buscando si cesar las esferas
    para conectarlas,
    hasta que se tienda el puente que precisas,
    hasta que el ancla dúctil quede asida,
    hasta que la telaraña que tú emites
    prenda en algún sitio, oh alma mía.
    ¡Oh yo, vida!
    ¡Oh yo, vida! Todas estas cuestiones me asaltan,
    Del desfile interminable de los desleales,
    De ciudades llenas de necios,
    De mí mismo, que me reprocho siempre, pues,
    ¿Quién es más necio que yo, ni más desleal?
    De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
    Despreciables, de la lucha siempre renovada,
    De los malos resultados de todo, de las multitudes
    Afanosas y sórdidas que me rodean,
    De los años vacíos e inútiles de los demás,
    Yo entrelazado con los demás,
    La pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que
    Vuelve: “¿Qué hay de bueno en todo esto?”
    Y la respuesta:
    “Que estás aquí, que existen la vida y la identidad,
    Que prosigue el poderoso drama y que quizás
    Tú contribuyes a él con tu rima”.

    Me celebro y me canto a mí mismo
    Me celebro y me canto a mí mismo.
    Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir,
    Pues cada átomo mío es también tuyo.
    Vago al azar e invito a vagar a mi alma.

    Vago y me tumbo sobre la tierra,
    Para contemplar un tallo de hierba.

    Mi lengua, cada molécula de mi sangre formada por esta tierra y este aire.
    Nacido aquí de padres cuyos padres nacieron aquí y
    Cuyos padres también aquí nacieron.

    A los treita y siete años de edad, gozando de perfecta salud,
    Comienzo y espero no detenerme hasta morir.

    Que se callen los credos y las escuelas,
    Que retrocedan un momento, conscientes de lo que son y
    Sin olvidarlo nunca.

    Me brindo al bien y al mal, me permito hablar hasta correr peligro.

    Naturaleza sin freno, original energía.

    Con estrépitos de músicas vengo
    Con estrépitos de músicas vengo,
    con cornetas y tambores.

    Mis marchas no suenan solo para los victoriosos,
    sino para los derrotados y los muertos también.
    Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.

    Pues yo digo que es tan glorioso perderla.
    ¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!
    ¡Hurra por los muertos!
    Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre, por ellos.
    ¡Hurra por los que cayeron,
    por los barcos que se hundieron en la mar,
    y por los que perecieron ahogados!
    ¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes
    vencidos!
    Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes mas
    grandes de la Historia.

    lunes, 18 de julio de 2016

    EL DÌA DE VERANO



    ¿Quién creó el mundo?
    ¿Quién dio forma al cisne, al oso negro?
    ¿Quién hizo al saltamontes?

    Me refiero a este saltamontes,

    el que acaba de saltar en la hierba,

    el que ahora come azúcar de mi mano,
    el que mueve las fauces de atrás para adelante y no de arriba abajo,
    el que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.
    Ahora levanta una de sus patas y se lava la cara cuidadosamente.
    Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.
    Yo no sé con certeza lo que es una oración.
    Sin embargo sé prestar atención
    y sé cómo caer sobre la hierba,
    cómo arrodillarme en la hierba,
    cómo ser bendita y perezosa,
    cómo andar por el campo,
    que es lo que llevo haciendo todo el día.
    Dime, ¿qué más debería haber hecho?
    ¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?

    Dime, ¿qué planeas hacer con tu preciosa, salvaje, única, vida?

    jueves, 12 de marzo de 2015

    A Elena


    Te vi a punto.
    Era una noche de julio,
    Noche tibia y perfumada,
    Noche diáfana...
    De la luna plena límpida,
    Límpida como tu alma,
    Descendían
    Sobre el parque adormecido
    Gráciles velos de plata.

    Ni una ráfaga
    El infinito silencio
    Y la quietud perturbaban
    En el parque...
    Evaporaban las rosas
    Los perfumes de sus almas
    Para que los recogieras
    En aquella noche mágica;
    Para que tú los gozases
    Su último aliento exhalaban
    Como en una muerte dulce,
    Como en una muerte lánguida,
    Y era una selva encantada,
    Y era una noche divina
    Llena de místicos sueños
    Y claridades fantásticas.

    Toda de blanco vestida,
     Toda blanca,
    Sobre un ramo de violetas
    Reclinada
    Te veía
    Y a las rosas moribundas
    Y a ti, una luz tenue y diáfana
    Muy suavemente
    Alumbraba,
    Luz de perla diluida
    En un éter de suspiros
    Y de evaporadas lágrimas. 

    ¿Qué hado extraño 
    ¿Fue ventura? ¿Fue desgracia?
    Me condujo aquella noche
    Hasta el parque de las rosas
    Que exhalaban
    Los suspiros perfumados
    De sus almas?
    Ni una hoja
    Susurraba; 
    No se oía
    Una pisada;
    Todo mudo,
    Todo en sueños,
    Menos tú y yo
     ¡Cuál me agito
    Al unir las dos palabras! -
    Menos tú y yo... De repente
    Todo cambia. 

    ¡Oh, el parque de los misterios!
    ¡Oh, la región encantada!
    Todo, todo,
    Todo cambia.
    De la luna la luz límpida
    La luz de perla se apaga.
    El perfume de las rosas
    Muere en las dormidas auras.
    Los senderos se oscurecen.
    Expiran las violas castas.

    Menos tú y yo, todo huye,
    Todo muere,
    Todo pasa...
    Todo se apaga y extingue
    Menos tus hondas miradas. 

    ¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
    Y sólo veo entre sombras
    Aquellos ojos brillantes,
    ¡Oh mi amada! Todo, todo,
    Todo cambia.


    De la luna la luz límpida
    La luz de perla se apaga.
    El perfume de las rosas
    Muere en las dormidas auras.

    Los senderos se oscurecen.
    Expiran las violas castas.

    Menos tú y yo, todo huye,
    Todo muere,
    Todo pasa...
    Todo se apaga y extingue
    Menos tus hondas miradas.
    ¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
    Y sólo veo entre sombras
    Aquellos ojos brillantes,
    ¡Oh mi amada!
    ¿Qué tristezas irreales,
    Qué tristezas extrahumanas!
    La luz tibia de esos ojos
    Leyendas de amor relata. 

    ¡Qué misteriosos dolores,
    Qué sublimes esperanzas,
    Qué mudas renunciaciones
    Expresan aquellos ojos
    que en la sombra
    Fijan en mí su mirada!
    Noche oscura. Ya Diana
    Entre turbios nubarrones,
    Lentamente,
    Hundió la faz plateada,
    Y tú sola
    En medio de la avenida,
    Te deslizas
    Irreal, mística y blanca,
    Te deslizas y te alejas incorpórea
    Cual fantasma.


    Sólo flotan tus miradas.
    ¡Sólo tus ojos perennes,
    Tus ojos de honda mirada
    Fijos quedan en mi alma!
    A través de los espacios y los tiempos,
    Marcan,
    Marcan mi sendero
    Y no me dejan
    Cual me dejó la esperanza.


    Van siguiéndome, siguiéndome
    Como dos estrellas cándidas;
    Cual fijas estrellas dobles
    En los cielos apareadas
    En la noche solitaria.


    Ellos solos purifican
    Mi alma toda con sus rayos
    Y mi corazón abrasan,
    Y me prosterno ante ellos
    Con adoración extática,
    Y en el día
    No se ocultan
    Cual se ocultó mi esperanza.
    De todas partes me siguen
    Mirándome fijamente
    Con sus místicas miradas. 

    Misteriosas, divinales
    Me persiguen sus miradas
    Como dos estrellas fijas,
    Como dos estrellas tristes,
    ¡Como dos estrellas blancas!

    martes, 26 de marzo de 2013

    A ELENA

    Te vi a punto.
    Era una noche de julio,
    Noche tibia y perfumada,
    Noche diáfana...

    De la luna plena límpida,
    Límpida como tu alma,
    Descendían
    Sobre el parque adormecido
    Gráciles velos de plata.

    Ni una ráfaga
    El infinito silencio
    Y la quietud perturbaban
    En el parque...

    Evaporaban las rosas
    Los perfumes de sus almas
    Para que los recogieras
    En aquella noche mágica;
    Para que tú los gozases
    Su último aliento exhalaban
    Como en una muerte dulce,
    Como en una muerte lánguida,
    Y era una selva encantada,
    Y era una noche divina
    Llena de místicos sueños
    Y claridades fantásticas.

    Toda de blanco vestida,
    Toda blanca,
    Sobre un ramo de violetas
    Reclinada
    Te veía
    Y a las rosas moribundas
    Y a ti, una luz tenue y diáfana
    Muy suavemente
    Alumbraba,
    Luz de perla diluida
    En un éter de suspiros
    Y de evaporadas lágrimas.

    ¿Qué hado extraño
    ¿Fue ventura? ¿Fue desgracia?
    Me condujo aquella noche
    Hasta el parque de las rosas
    Que exhalaban
    Los suspiros perfumados
    De sus almas?

    Ni una hoja
    Susurraba;
    No se oía
    Una pisada;
    Todo mudo,
    Todo en sueños,
    Menos tú y yo
    ¡Cuál me agito
    Al unir las dos palabras! 
    Menos tú y yo... De repente
    Todo cambia.
    ¡Oh, el parque de los misterios!
    ¡Oh, la región encantada!

    Todo, todo,
    Todo cambia.
    De la luna la luz límpida
    La luz de perla se apaga.
    El perfume de las rosas
    Muere en las dormidas auras.
    Los senderos se oscurecen.
    Expiran las violas castas.
    Menos tú y yo, todo huye,
    Todo muere,
    Todo pasa...
    Todo se apaga y extingue
    Menos tus hondas miradas.

    ¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
    Y sólo veo entre sombras
    Aquellos ojos brillantes,
    ¡Oh mi amada! Todo, todo,
    Todo cambia.

    De la luna la luz límpida
    La luz de perla se apaga.
    El perfume de las rosas
    Muere en las dormidas auras.
    Los senderos se oscurecen.
    Expiran las violas castas.
    Menos tú y yo, todo huye,
    Todo muere,
    Todo pasa...

    Todo se apaga y extingue
    Menos tus hondas miradas.
    ¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
    Y sólo veo entre sombras
    Aquellos ojos brillantes,
    ¡Oh mi amada!

    ¿Qué tristezas irreales,
    Qué tristezas extrahumanas!
    La luz tibia de esos ojos
    Leyendas de amor relata.
    ¡Qué misteriosos dolores,
    Qué sublimes esperanzas,
    Qué mudas renunciaciones
    Expresan aquellos ojos
    que en la sombra
    Fijan en mí su mirada!

    Noche oscura. Ya Diana
    Entre turbios nubarrones,
    Lentamente,
    Hundió la faz plateada,
    Y tú sola
    En medio de la avenida,
    Te deslizas
    Irreal, mística y blanca,
    Te deslizas y te alejas incorpórea
    Cual fantasma.

    Sólo flotan tus miradas.

    ¡Sólo tus ojos perennes,
    Tus ojos de honda mirada
    Fijos quedan en mi alma!

    A través de los espacios y los tiempos,
    Marcan,
    Marcan mi sendero
    Y no me dejan
    Cual me dejó la esperanza.

    Van siguiéndome, siguiéndome
    Como dos estrellas cándidas;
    Cual fijas estrellas dobles
    En los cielos apareadas
    En la noche solitaria.

    Ellos solos purifican
    Mi alma toda con sus rayos
    Y mi corazón abrasan,
    Y me prosterno ante ellos
    Con adoración extática,
    Y en el día
    No se ocultan
    Cual se ocultó mi esperanza.

    De todas partes me siguen
    Mirándome fijamente
    Con sus místicas miradas.
    Misteriosas, divinales
    Me persiguen sus miradas
    ¡Como dos estrellas fijas!
    ¡Como dos estrellas tristes!
    ¡Como dos estrellas blanca!

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