POESÍA INOLVIDABLE

POESÍA INOLVIDABLE

viernes, 16 de julio de 2010

POEMA 12


Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.


Llegas como el rocío a las corolas.


Socavas el horizonte con tu ausencia.


Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.


Como ellos eres alto y taciturno.


Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedor como un viejo camino.


Te pueblan ecos y voces nostálgicas.


Yo desperté, y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

viernes, 18 de junio de 2010


Si puedes mantener intacta tu firmeza
cuando todos vacilan a tu alrededor

Si cuando todos dudan, fías en tu valor

y al mismo tiempo sabes exaltar su flaqueza

Si sabes esperar y a tu afán poner brida
O blanco de mentiras esgrimir la verdad
O siendo odiado, al odio no le das cabida
y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad


Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey

Si piensas y el pensar no mengua tus ardores


Si el triunfo y el desastre no te imponen su ley
y los tratas lo mismo como dos impostores.


Si puedes soportan que tu frase sincera
sea trampa de necios en boca de malvados.
O mirar hecha trizas tu adora quimera
y tornar a forjarla con útiles mellados.


Si todas tu ganancias poniendo en un montón
las arriesgas osado en un golpe de azar
y las pierdes, y luego con bravo corazón
sin hablar de tus perdidas, vuelves a comenzar.


Si puedes mantener en la ruda pelea
alerta el pensamiento y el músculo tirante
para emplearlo cuando en ti todo flaquea
menos la voluntad que te dice adelante.


Si entre la turba das a la virtud abrigo

Si no pueden herirte ni amigo ni enemigo


Si marchando con reyes del orgullo has triunfado


Si eres bueno con todos pero no demasiado


Y si puedes llenar el preciso minuto
en sesenta segundos de un esfuerzo supremo
tuya es la tierra y todo lo que en ella habita
y lo que es más serás hombre hijo mío....


martes, 8 de junio de 2010

GLOSA DEL SUSPIRAR CON MOTIVO


En la alta noche estoy triste,
sin amor y hasta sin sueño.

Voy como perro sin dueño
por la calle en que viviste.

Dudo ya de que estuviste
aquí, donde ahora te pierdo,
donde esta amargura muerdo
de sospechar que deliro
si te digo en un suspiro:
SUSPIRO PORQUE ME ACUERDO

Al sufrir esta tortura
ignoro lo que harán otros.

yo sólo sé de nosotros
y de mi amor sin ventura,
de esa pena sin ternura
que con nada se compara,
porque es una pena rara
de la que muero y aliento.

yo sólo sé mi tormento
Y SI NO, NO SUSPIRARA.

Y tú, ¿qué harás, tan lejana?
¿Te retendrán prisionera,
que no amaneció en mi espera
tu estrella tras mi ventana?
Tal vez, si vuelves mañana
por saborear tu mentira,
adonde esté quien delira
por tí, te habré de escuchar
decir, curiosa, al pasar:
¿QUIEN ES AQUEL QUE SUSPIRA?

Dice el verso de un cantar
-de esos cantares sin dueño
que aprendí siendo pequeño-
"mucho alivio es suspirar..."
Yo, suspiros he de dar
mientras vuelves, bienamada,
de recuerdo iluminada
te llevaré hasta morir,
porque, ¿quién puede vivir

SIN ACORDARSE DE NADA?

Suspiro porque me acuerdo,
y si no, no suspirara.
¿Quién es aquél que suspira
sin acordarse de nada?

Cancionero popular
venezolano

lunes, 24 de mayo de 2010

JUSTO BRITO Y JUAN TABARES


                                                                                  Justo Brito y Juan Tabare,

hombres de vera y peinilla
como no pare otra madre,
por una vieja rencilla,
en el lugar que se vieran
la muerte juraron darse.

Dicen que el primer encuentro
lo tuvieron en un baile,
cuando iba Justo Brito
con Paulina Colmenares,
bailando un zumba que zumba
de esos que entibian la carne.
"¡Dame una paloma, Justo!...,
dame una paloma, vale",
gritóle desde un escaño
el temible Juan Tabare.

Pero Brito, en los espasmos
que da la fiebre del baile,
contestóle con la espalda,
sorda expresión del desaire.

Ten en cuenta. Justo Brito,
te lo juro por mi madre,
que el desprecio que me has hecho
nunca me lo hizo naide...;
¡yo te enseñaré, ca... rrizo...,
cómo se ofende a un Tabare!

Pasaron muchos veranos
desde la noche del baile,
más el rencor de los hombres
es difícil que se acabe.

En un claro de sabana,
que dora el sol de la tarde,
se encontraron de repente
Justo Brito y Juan Tabare.

Al mirarse frente a frente,
les templó el rencor la sangre;
no se dijeron palabras,
y en el furor de la lucha
las peinillas azarientas
casi cortaban el aire.

Dura y larga fue la brega,
y al morir aquella tarde
ambos estaban de bruces
en un gran charco de sangre.

Mañana dirá el que llegue
al propio sitio del lance:
"Fué por una 'palomita'
de Paulina Colmenares
que así se dieron la muerte
Justo Brito y Juan Tabare."
¡Dos hombres de pelo en pecho
como no pare otra madre!



MADRE



Madre: flor de dolor,
lirio angustiado
en la cruz del amor crucificado
como el sagrado
cuerpo del señor.

Madre: son de canción,
céfiro blando.,
tu nombre celestial me está cantando
en un claro rincón
del corazón.

Madre: sabor de amor:
dime qué tienen
tus blancas manos pálidas
que pueden suavizar mis asperezas,
y en el dulce fervor de las plegarias
son bálsamo de todas mis tristezas...

Madre: fulgor de amor rayo divino,
tu le das a mi afán de peregrino
la luz que alumbra el lóbrego camino
por donde llevo a cuestas mi dolor...

Madre: luz y alegría.,
¡oh santa madre mía!,
con tus labios piadosos
secas mi llanto de melancolía.
no se qué tiene tus benditos labios
que borran desagravios cuando besas,
y me enseñan más ciencia que los sabios
si una oración por el que sufre rezas.
El lirio puro de mi charca inmunda,
que ha hecho blanca mi noche tenebrosa,
madre, madre, tú has sido.

Y cuando yo por otros he sufrido,
lo has sufrido por mí, madre piadosa.
Y cuando vistes que mi incierto paso
vacilaba en la senda de mi vida,
se levantó la línea de tu brazo
señalándome el bien, ¡madre querida!

Madre: fulgor y rayo, amor y luz.,
bálsamo claro de mi triste infancia,
caricia en mi doliente juventud.

Madre:
Sé lluvia en mi desierto, escancia,
en el afán voraz de mi inquietud,
la dulce esencia, la palabra de oro
que alumbrará mi noche con tu luz,
y anegará mi vida en la fragancia
de tu alma luminosamente azul.

viernes, 30 de abril de 2010

TOÍTO TE LO CONSIENTO



¿Te acuerdas de aquella copla

que escuchamos aquel día,

sin saber quién la cantaba

ni de qué rincón salía?...

¡Qué encanto! ¿Verdad?
¡Qué duende, qué sentimiento,
pero qué estilo, qué voz!
Creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.

"Toíto te lo consiento,

menos faltarle a mi mare,

que una mare no se encuentra

y a tí te encontré en la calle".
No vayas a figurarte

que esto va con intención;

tú sabes que por tí tengo

grabao en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios, uno y trino,
le entregó por compañera.

Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".

Y me enterao casualmente
de que le faltaste ayer,
Y nadie me lo ha contao;
nadie, pero yo lo sé.

Que tengo entre dos amores
mi cariño repartío,
si encuentro el uno llorando
es que el otro lo ha ofendío;
y, mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes:
¿Quieres un vestío?...catorce.
¿Quieres un reloj?... de brillantes.
Ni me importa que la gente
venga de mí murmurando
que si soy pa tí un muñeco
que si me has quitao el mando...


Que en la diestra y la siniestra

tienes un par de agujeros,

por donde se va a los mares

el río de mi dinero.

Que yo con tal de que nunca...
de mi lao te separes...
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".
Porque ese mimbre de luto
que no levanta la voz,
que en seis años no ha tenío
contigo ni un sí ni un no,
que anda como pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira.

Que me crió con su sangre,
y me guiaba la mano
para que me persignara
como tó fiel cristiano;
y en las candelas del hijo
consumió su juventud
cuando era...cuarenta veces
mucho más guapa que tú;
tienes que hacerte la cuenta
que la has visto en los altares
e incártele de rodillas
antes que hablarle a mi mare.


Porque el amor que te tengo

se lo debes a su amor.

Que yo me casé contigo

porque ella me lo mandó.

Conque a ver si tu conciencia,
se aprende esta copla mía,
muy semejante a aquel cante
que escucháramos un día,
sin saber quién lo cantaba
ni de qué rincón salía.

"A la mare de mi alma
la quiero desde la cuna.

Por Dios, no me la avasalles;
que mare no hay más que una
y a tí te encontré en la calle".

sábado, 24 de abril de 2010

EL CAJÓN DE LAS ÁNIMAS


De recia madera antigua,
negro como la desgracia,
escueto como la muerte,
siniestro como las ánimas!
¡cajón de enterrar los pobres
que pasaban por mi casa,
sobre cuatro hombres borrachos,
de chaleco y alpargatas,
cuando la tarde encendía
los cirios de sus campanas!
Enfilaban calle arriba
con seco ritmo de marcha.
¡Chas! ¡Chas! -sudando aguardiente,
la muerte se apresuraba-;
pero al llegar a la esquina
de la calle Glorias Patrias
-esa esquina y esa calle
que en nuestros pueblos no faltan-,
marchando en un solo sitio
y mirándose las caras,
daban la vuelta los hombres,
la vuelta reglamentaria.
Póstumo honor, fraternal
cortesía proletaria
de negro ceremonioso
que sabe entrar a una sala.
¡Después..., que fueran a prisa
y en el hoyo lo tiraran
sin mecates ni oraciones
y sin dobles de campanas!
Pero ¡que la gente sepa
como el negro Juan de Mata
sabe enterrar a los pobres
en el cajón de las ánimas!.

todas las tardes del mundo
desfilaban por mi casa.
Mis diez años asustados,
al atisbo en la ventana.

¡Negro de los "Morichales",
músico de arpa y maracas,
caletero de franela,
pescador de "La zapoara"!
Eras tú quien iba dentro,
en el cajón de las ánimas,
rígido el músculo recio,
quietas las manos, callada
la boca de las canciones...
¡Eras tú! Yo lo ignoraba.
¡Y como me duele ahora
la crueldad de mi ignorancia!
¡No haber salido a la calle
y, echando el miedo a la espalda,
haberle metido el hombro
a aquel cajón de las ánimas
y haber marcado la vuelta
hacia la plaza Miranda,
entre el indio Cruz Ramón
y el negrito Juan de Mata!

Y llegar al cementerio
con la ropa bien sudada,
sembrar una cruz de palo,
en la tierra colorada,
y a la hora de la cena,
al regresar a mi casa,
referirlo en plena mesa
como quien cuenta una hazaña.

Pero ¡te marchaste solo,
pescador de la "Zapoara",
caletero peleador,
músico de arpa y maracas,
negrito morichalero
de la bandola encintada,
que cantaste en mi bautizo
coplas de mi tierra brava!

Y porque solo te fuiste,
hoy le pone mi garganta
letra a aquel joropo tuyo,
aquel que ya nadie baila:
¡Chas! ¡Chas!..., que pasa la muerte
calladita y sin mortaja,
la muerte de los humildes,
en el cajón de las ánimas!

viernes, 16 de julio de 2010

POEMA 12


Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.


Llegas como el rocío a las corolas.


Socavas el horizonte con tu ausencia.


Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.


Como ellos eres alto y taciturno.


Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedor como un viejo camino.


Te pueblan ecos y voces nostálgicas.


Yo desperté, y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

viernes, 18 de junio de 2010


Si puedes mantener intacta tu firmeza
cuando todos vacilan a tu alrededor

Si cuando todos dudan, fías en tu valor

y al mismo tiempo sabes exaltar su flaqueza

Si sabes esperar y a tu afán poner brida
O blanco de mentiras esgrimir la verdad
O siendo odiado, al odio no le das cabida
y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad


Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey

Si piensas y el pensar no mengua tus ardores


Si el triunfo y el desastre no te imponen su ley
y los tratas lo mismo como dos impostores.


Si puedes soportan que tu frase sincera
sea trampa de necios en boca de malvados.
O mirar hecha trizas tu adora quimera
y tornar a forjarla con útiles mellados.


Si todas tu ganancias poniendo en un montón
las arriesgas osado en un golpe de azar
y las pierdes, y luego con bravo corazón
sin hablar de tus perdidas, vuelves a comenzar.


Si puedes mantener en la ruda pelea
alerta el pensamiento y el músculo tirante
para emplearlo cuando en ti todo flaquea
menos la voluntad que te dice adelante.


Si entre la turba das a la virtud abrigo

Si no pueden herirte ni amigo ni enemigo


Si marchando con reyes del orgullo has triunfado


Si eres bueno con todos pero no demasiado


Y si puedes llenar el preciso minuto
en sesenta segundos de un esfuerzo supremo
tuya es la tierra y todo lo que en ella habita
y lo que es más serás hombre hijo mío....


martes, 8 de junio de 2010

GLOSA DEL SUSPIRAR CON MOTIVO


En la alta noche estoy triste,
sin amor y hasta sin sueño.

Voy como perro sin dueño
por la calle en que viviste.

Dudo ya de que estuviste
aquí, donde ahora te pierdo,
donde esta amargura muerdo
de sospechar que deliro
si te digo en un suspiro:
SUSPIRO PORQUE ME ACUERDO

Al sufrir esta tortura
ignoro lo que harán otros.

yo sólo sé de nosotros
y de mi amor sin ventura,
de esa pena sin ternura
que con nada se compara,
porque es una pena rara
de la que muero y aliento.

yo sólo sé mi tormento
Y SI NO, NO SUSPIRARA.

Y tú, ¿qué harás, tan lejana?
¿Te retendrán prisionera,
que no amaneció en mi espera
tu estrella tras mi ventana?
Tal vez, si vuelves mañana
por saborear tu mentira,
adonde esté quien delira
por tí, te habré de escuchar
decir, curiosa, al pasar:
¿QUIEN ES AQUEL QUE SUSPIRA?

Dice el verso de un cantar
-de esos cantares sin dueño
que aprendí siendo pequeño-
"mucho alivio es suspirar..."
Yo, suspiros he de dar
mientras vuelves, bienamada,
de recuerdo iluminada
te llevaré hasta morir,
porque, ¿quién puede vivir

SIN ACORDARSE DE NADA?

Suspiro porque me acuerdo,
y si no, no suspirara.
¿Quién es aquél que suspira
sin acordarse de nada?

Cancionero popular
venezolano

lunes, 24 de mayo de 2010

JUSTO BRITO Y JUAN TABARES


                                                                                  Justo Brito y Juan Tabare,

hombres de vera y peinilla
como no pare otra madre,
por una vieja rencilla,
en el lugar que se vieran
la muerte juraron darse.

Dicen que el primer encuentro
lo tuvieron en un baile,
cuando iba Justo Brito
con Paulina Colmenares,
bailando un zumba que zumba
de esos que entibian la carne.
"¡Dame una paloma, Justo!...,
dame una paloma, vale",
gritóle desde un escaño
el temible Juan Tabare.

Pero Brito, en los espasmos
que da la fiebre del baile,
contestóle con la espalda,
sorda expresión del desaire.

Ten en cuenta. Justo Brito,
te lo juro por mi madre,
que el desprecio que me has hecho
nunca me lo hizo naide...;
¡yo te enseñaré, ca... rrizo...,
cómo se ofende a un Tabare!

Pasaron muchos veranos
desde la noche del baile,
más el rencor de los hombres
es difícil que se acabe.

En un claro de sabana,
que dora el sol de la tarde,
se encontraron de repente
Justo Brito y Juan Tabare.

Al mirarse frente a frente,
les templó el rencor la sangre;
no se dijeron palabras,
y en el furor de la lucha
las peinillas azarientas
casi cortaban el aire.

Dura y larga fue la brega,
y al morir aquella tarde
ambos estaban de bruces
en un gran charco de sangre.

Mañana dirá el que llegue
al propio sitio del lance:
"Fué por una 'palomita'
de Paulina Colmenares
que así se dieron la muerte
Justo Brito y Juan Tabare."
¡Dos hombres de pelo en pecho
como no pare otra madre!



MADRE



Madre: flor de dolor,
lirio angustiado
en la cruz del amor crucificado
como el sagrado
cuerpo del señor.

Madre: son de canción,
céfiro blando.,
tu nombre celestial me está cantando
en un claro rincón
del corazón.

Madre: sabor de amor:
dime qué tienen
tus blancas manos pálidas
que pueden suavizar mis asperezas,
y en el dulce fervor de las plegarias
son bálsamo de todas mis tristezas...

Madre: fulgor de amor rayo divino,
tu le das a mi afán de peregrino
la luz que alumbra el lóbrego camino
por donde llevo a cuestas mi dolor...

Madre: luz y alegría.,
¡oh santa madre mía!,
con tus labios piadosos
secas mi llanto de melancolía.
no se qué tiene tus benditos labios
que borran desagravios cuando besas,
y me enseñan más ciencia que los sabios
si una oración por el que sufre rezas.
El lirio puro de mi charca inmunda,
que ha hecho blanca mi noche tenebrosa,
madre, madre, tú has sido.

Y cuando yo por otros he sufrido,
lo has sufrido por mí, madre piadosa.
Y cuando vistes que mi incierto paso
vacilaba en la senda de mi vida,
se levantó la línea de tu brazo
señalándome el bien, ¡madre querida!

Madre: fulgor y rayo, amor y luz.,
bálsamo claro de mi triste infancia,
caricia en mi doliente juventud.

Madre:
Sé lluvia en mi desierto, escancia,
en el afán voraz de mi inquietud,
la dulce esencia, la palabra de oro
que alumbrará mi noche con tu luz,
y anegará mi vida en la fragancia
de tu alma luminosamente azul.

viernes, 30 de abril de 2010

TOÍTO TE LO CONSIENTO



¿Te acuerdas de aquella copla

que escuchamos aquel día,

sin saber quién la cantaba

ni de qué rincón salía?...

¡Qué encanto! ¿Verdad?
¡Qué duende, qué sentimiento,
pero qué estilo, qué voz!
Creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.

"Toíto te lo consiento,

menos faltarle a mi mare,

que una mare no se encuentra

y a tí te encontré en la calle".
No vayas a figurarte

que esto va con intención;

tú sabes que por tí tengo

grabao en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios, uno y trino,
le entregó por compañera.

Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".

Y me enterao casualmente
de que le faltaste ayer,
Y nadie me lo ha contao;
nadie, pero yo lo sé.

Que tengo entre dos amores
mi cariño repartío,
si encuentro el uno llorando
es que el otro lo ha ofendío;
y, mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes:
¿Quieres un vestío?...catorce.
¿Quieres un reloj?... de brillantes.
Ni me importa que la gente
venga de mí murmurando
que si soy pa tí un muñeco
que si me has quitao el mando...


Que en la diestra y la siniestra

tienes un par de agujeros,

por donde se va a los mares

el río de mi dinero.

Que yo con tal de que nunca...
de mi lao te separes...
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".
Porque ese mimbre de luto
que no levanta la voz,
que en seis años no ha tenío
contigo ni un sí ni un no,
que anda como pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira.

Que me crió con su sangre,
y me guiaba la mano
para que me persignara
como tó fiel cristiano;
y en las candelas del hijo
consumió su juventud
cuando era...cuarenta veces
mucho más guapa que tú;
tienes que hacerte la cuenta
que la has visto en los altares
e incártele de rodillas
antes que hablarle a mi mare.


Porque el amor que te tengo

se lo debes a su amor.

Que yo me casé contigo

porque ella me lo mandó.

Conque a ver si tu conciencia,
se aprende esta copla mía,
muy semejante a aquel cante
que escucháramos un día,
sin saber quién lo cantaba
ni de qué rincón salía.

"A la mare de mi alma
la quiero desde la cuna.

Por Dios, no me la avasalles;
que mare no hay más que una
y a tí te encontré en la calle".

sábado, 24 de abril de 2010

EL CAJÓN DE LAS ÁNIMAS


De recia madera antigua,
negro como la desgracia,
escueto como la muerte,
siniestro como las ánimas!
¡cajón de enterrar los pobres
que pasaban por mi casa,
sobre cuatro hombres borrachos,
de chaleco y alpargatas,
cuando la tarde encendía
los cirios de sus campanas!
Enfilaban calle arriba
con seco ritmo de marcha.
¡Chas! ¡Chas! -sudando aguardiente,
la muerte se apresuraba-;
pero al llegar a la esquina
de la calle Glorias Patrias
-esa esquina y esa calle
que en nuestros pueblos no faltan-,
marchando en un solo sitio
y mirándose las caras,
daban la vuelta los hombres,
la vuelta reglamentaria.
Póstumo honor, fraternal
cortesía proletaria
de negro ceremonioso
que sabe entrar a una sala.
¡Después..., que fueran a prisa
y en el hoyo lo tiraran
sin mecates ni oraciones
y sin dobles de campanas!
Pero ¡que la gente sepa
como el negro Juan de Mata
sabe enterrar a los pobres
en el cajón de las ánimas!.

todas las tardes del mundo
desfilaban por mi casa.
Mis diez años asustados,
al atisbo en la ventana.

¡Negro de los "Morichales",
músico de arpa y maracas,
caletero de franela,
pescador de "La zapoara"!
Eras tú quien iba dentro,
en el cajón de las ánimas,
rígido el músculo recio,
quietas las manos, callada
la boca de las canciones...
¡Eras tú! Yo lo ignoraba.
¡Y como me duele ahora
la crueldad de mi ignorancia!
¡No haber salido a la calle
y, echando el miedo a la espalda,
haberle metido el hombro
a aquel cajón de las ánimas
y haber marcado la vuelta
hacia la plaza Miranda,
entre el indio Cruz Ramón
y el negrito Juan de Mata!

Y llegar al cementerio
con la ropa bien sudada,
sembrar una cruz de palo,
en la tierra colorada,
y a la hora de la cena,
al regresar a mi casa,
referirlo en plena mesa
como quien cuenta una hazaña.

Pero ¡te marchaste solo,
pescador de la "Zapoara",
caletero peleador,
músico de arpa y maracas,
negrito morichalero
de la bandola encintada,
que cantaste en mi bautizo
coplas de mi tierra brava!

Y porque solo te fuiste,
hoy le pone mi garganta
letra a aquel joropo tuyo,
aquel que ya nadie baila:
¡Chas! ¡Chas!..., que pasa la muerte
calladita y sin mortaja,
la muerte de los humildes,
en el cajón de las ánimas!

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