POESÍA INOLVIDABLE

POESÍA INOLVIDABLE

miércoles, 30 de septiembre de 2009

POEMA DEL RENUNCIAMIENTO


 Pasarás por mi vida sin saber que pasaste. Pasarás en silencio por mi amor, y al pasar, fingiré una sonrisa, como un dulce contraste del dolor de quererte ..., y jamás lo sabrás.

 Soñaré con el nácar virginal de tu frente, soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar, soñaré con tus labios desesperadamente, soñaré con tus besos ..., y jamás lo sabrás.

 Quizá pases con otro que te diga al oído esas frases que nadie como yo te dirá; y, ahogando para siempre mi amor inadvertido, te amaré más que nunca ..., y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible, como un sueño que nunca lograré realizar; y el lejano perfume de mi amor imposible rozará tus cabellos ..., y  jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento -el tormento infinito que te debo ocultar-, te diré sonriente: "No es nada ... Ha sido el viento".Me enjugaré la lágrima..., ¡y jamás lo sabrás!.

jueves, 24 de septiembre de 2009

PERRO CALLEJERO


¡Hola, leal amigo! ¿No me reconoces? ¿Qué fue de tu vida desde que los míos del hogar te echaron?
¡Cuanto te he buscado, perro fiel y noble,
sin que te encontrara!
¿Qué hicistes, qué haces,
por dónde anduviste, por dónde es que andas?
¡Tú, que tan alegre
y vivo ladrabas...,
hay que verte ahora, cuán entristecido
y medroso ladras!
¡No tengas reparos, que te hablo sincero;
acércate, anda!
No me tengas miedo, que no soy cual ellos;
no bajes los ojos, los mismos levanta.

Y, cuando al mirarme,
veas mis miradas
que te miran dulces, como te miraron,
y, cual te prometo que lo harán mañana,
todas tus tristezas se habrán acabado
y nueva alegría verás que te embarga.

¡tú que tan alegre
y vivo ladrabas,
hay que verte ahora, cuán entristecido
y medroso ladrás!

Desde el día aciago en que injustamente
-sin que lo esperaras,
sin piedad alguna y con crueldad fría
se te echó de casa...

Tú que en otros días
la misma guardabas,
y con tus caricias, las melancolías
que nos asaltaban,
juguetón y noble,
nos las disipabas;
que tu gran cariño
siempre demostrabas,
ve la ingratitud de quienes amaste
-y defensor suyo, siempre acompañarás-,
cómo olvidadizos, duros, neronianos...,
al fin te pagaran.

¡Dime qué sentistes en tus soledades
de tan largos días de esta temporada!
¡Dime tus sufrires, lo que te ocurriera
y lo que te pasa!

¡Cuánto habrás sufrido hasta ver tu cuerpo
que infames microbios con su piel acaban!
Con penas intensas, al no tener techo, ni amor, ni cuidados,
y verte tratado, si acaso, a patadas...
Y no huyes, ¿verdad? No eres rencoroso;
tal vez porque alcanzas
a ver que cual todos, no soy
de la casa.

no eres rencoroso; y aún, al hallarnos,
con temor te acercas y con lastimeros ladridos me hablas;
no en altivo tono, tampoco humillado,
sino en doloridas, sentidas palabras,
que a tu fiel cariño así pagó dura
la perfidia humana...

aún no estás seguro de mí. ¿No te fías?
No tiemble tu cuerpo, recobra la calma...
Yo soy uno, sí uno de los hijos de aquella familia
que te echó de casa;
pero ausente de ella en aquel instante, no pude evitarlo;
y, aunque te he buscado, jamás te encontraba...

Pero al fín nos vimos! Y ahora que te encuentro
te digo que vengas sin desconfianza;
que vengas conmigo sin temor alguno,
pues que, independiente, tengo otra morada...

En la que hasta el día en que al fin expires,
hallarás cariño, reposo y olvido a tus cuitas tantas;
y abrigo y sustento, ya que tú nos quieres;
¡ven conmigo, anda!



domingo, 20 de septiembre de 2009

PÍNTAME ANGELITOS NEGROS


¡Ah mundo! La negra Juana,
¡la mano que le pasó!
Se le murió su negrito;
si, señor.

 ¡Ay compadrito del alma,
tan sano que estaba el negro!
Yo no le acataba el pliegue,
yo no le miraba el hueso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco,
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendría dispuesto;
Ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo.

 Desengáñese comadre,
que no hay angelitos negros.
Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo;
que cuando pintas tus vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero;
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Angel de buena familia
no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.

Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,
porque para eso lo tienes
calientito y de los buenos.

Aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo
donde hayan dejando entrar
al cuadro angelitos negros.
Y entonces, ¿a dónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento?

Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintes angelitos
acuérdate de tu pueblo,
y  al lado del ángel rubio,
y junto al ángel trigueño,
aunque la Vírgen sea blanca,Píntame angelitos negros.

jueves, 17 de septiembre de 2009

EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS



Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubios cabellos
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.

La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.

Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubios cabellos
la mira muy fijo, con mirar intenso.

Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.

Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
una salmantina de rubios cabellos
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
el seminarista de los ojos negros;
Cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
en vez de sotana, marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla:  —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
Por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.

Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos…
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos…
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo…
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros…



lunes, 14 de septiembre de 2009

NOCTURNO

Padre nuestro, que estás en los cielos,
¿Por qué te has olvidado de mí?

Te acordaste del fruto en febrero,
al llegarse su pulpa rubí.

¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!


Te acordaste del negro racimo
y lo diste al lagar carmesí,
y aventaste las hojas del álamo
con tu aliento, en el aire sutil.

¡Y en el ancho lagar de la muerte
aún no quieres mi pecho oprimir!


Caminando, vi abrir las violetas,
el falerno del viento bebí,
y he bajado, amarillos mis párpados
por no ver más enero ni abril.


Y he apretado la boca, anegada
de la estrofa que no he de exprimir.

¡Has herido la nube de otoño
y no quieres volverte hacia mí!


Me vendió el que besó mi mejilla,
me negó por la túnica ruin.


Yo en mis versos el rostro con sangre,
como tú sobre el paño, le di;
Y en mi noche del huerto me han sido:
Juan, cobarde, y el Angel hostil.


Ha venido el cansancio infinito
a clavarse en mis ojos, al fin;
el cansancio del día que muere,
y el del alba que debe venir;
¡el cansancio del cielo de estaño
y el cansancio del cielo de añil!


Ahora suelto la mártir sandalia
y las trenzas, pidiendo dormir.
Y perdida en la noche, levanto
el clamor aprendido de tí:
Padre nuestro, que estás en los cielos,
¿Por qué te has olvidado de mí?

sábado, 12 de septiembre de 2009

TOITO TE LO CONSIENTO


¿Te acuerdas de aquella copla

que escuchamos aquel día

sin saber quién la cantaba
ni de qué rincón salía?...
¡Qué encanto! ¿Verdad?
¡Qué duende, qué sentimiento,
pero qué estilo, qué voz!
Creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.

"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare,
que una mare no se encuentra
y a tí te encontré en la calle".

No vayas a figurarte
que esto va con intención,
tú sabes que por tí tengo
grabao en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios, uno y trino,
le entregó por compañera.
Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".

Y me enterao casualmente
de que le faltaste ayer.
Y nadie me lo ha contao;
nadie, pero yo lo sé.
Que tengo entre dos amores
mi cariño repartío,
si encuentro el uno llorando
es que el otro lo ha ofendío;
y, mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes:
¿Quieres un vestío?...catorce.
¿Quieres un reloj?... Con brillantes.
Ni me importa que la gente
venga de mí murmurando
que si soy pa tí un muñeco
que si me has quitao el mando...

Que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros,
por donde se va a los mares
el río de mi dinero.
Que yo con tal de que nunca...
de mi lao te separes...
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".

Porque ese mimbre de luto
que no levanta la voz,
que en seis años no ha tenío
contigo ni un sí ni un no,
que anda como pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira.
Que me crió con su sangre,
y me guiaba la mano
para que me persignara
como to fiel cristiano;
y en las candelas del hijo
consumió su juventud
cuando era...cuarenta veces
mucho más guapa que tú;
tienes que hacerte la cuenta
que la has visto en los altares
e incártele de rodillas
antes que hablarle a mi mare.
Porque el amor que te tengo
se lo debes a su amor.
Que yo me casé contigo
porque ella me lo mandó.

Con que a ver si tu conciencia,
se aprende esta copla mía,
muy semejante a aquel cante
que escucháramos un día,
sin saber quién lo cantaba
ni de qué rincón salía.

"A la mare de mi alma
la quiero desde la cuna.
Por Dios, no me la avasalles
que mare no hay más que una
y a ti te encontré en la calle".

domingo, 6 de septiembre de 2009

LA HIGUERA

Porque es áspera y fea;
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

 En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten…

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
 Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido,
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:

 Hoy a mi me dijeron hermosa.

martes, 1 de septiembre de 2009

VERDADES AMARGAS


Yo no quiero ver lo que he mirado a través del cristal de la experiencia; el mundo es un mercado donde compran honores, voluntades y conciencias.

 Amigos: es mentira, no hay amigos;la amistad verdadera es ilusión; ella cambia, se aleja y desaparece con los giros que da la situación.

 Amigos complacientes sólo tienen los que disfrutan de ventura y calma; pero aquellos que abate el infortunio sólo tienen tristezas en el alma. Si estamos bien, nos tratan con amor,nos buscan, nos invitan, nos adulan; mas si acaso caemos, francamente, sólo por cumplimiento nos saludan.

 El que nada atesora nada vale y en toda reunión pasa por necio,y por más nobles que sus hechos sean, lo que alcanza es la burla y el desprecio.

 En este laberinto de la vida donde tanto domina la maldad, todo tiene su precio estipulado: el amor, el parentesco y la amistad.

 Lo que brilla no más tiene lugar, aunque brille por oro lo que es cobre; lo que no perdonamos en la vida es el atroz delito de ser pobre.

 Nada en el mundo es perfecto, puro y sano: todo se halla a lo impuro entremezclado el mismo corazón, con ser tan noble, cuántas veces se encuentra enmascarado.
 Existe la virtud, yo no lo niego, pero siempre en conjunto defectuoso; hay rasgos de virtud en el malvado, hay rasgos de maldad en el virtuoso.

 La estupidez, el vicio y hasta el crimen podrán tener su puesto señalado; las llagas del defecto no se ven si las cubre un diamante bien cortado.

 Y a nadie habrá de herir lo que aquí digo, porque ceñido a la verdad estoy, me dieron a libar hiel y veneno, veneno y hiel en recompensa doy.

 Y si peco en las palabras toscas de estas líneas oscuras y sin nombre, doblando mis rodillas en el polvo

¡pido perdón a Dios y no a los hombres!...


miércoles, 30 de septiembre de 2009

POEMA DEL RENUNCIAMIENTO


 Pasarás por mi vida sin saber que pasaste. Pasarás en silencio por mi amor, y al pasar, fingiré una sonrisa, como un dulce contraste del dolor de quererte ..., y jamás lo sabrás.

 Soñaré con el nácar virginal de tu frente, soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar, soñaré con tus labios desesperadamente, soñaré con tus besos ..., y jamás lo sabrás.

 Quizá pases con otro que te diga al oído esas frases que nadie como yo te dirá; y, ahogando para siempre mi amor inadvertido, te amaré más que nunca ..., y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible, como un sueño que nunca lograré realizar; y el lejano perfume de mi amor imposible rozará tus cabellos ..., y  jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento -el tormento infinito que te debo ocultar-, te diré sonriente: "No es nada ... Ha sido el viento".Me enjugaré la lágrima..., ¡y jamás lo sabrás!.

jueves, 24 de septiembre de 2009

PERRO CALLEJERO


¡Hola, leal amigo! ¿No me reconoces? ¿Qué fue de tu vida desde que los míos del hogar te echaron?
¡Cuanto te he buscado, perro fiel y noble,
sin que te encontrara!
¿Qué hicistes, qué haces,
por dónde anduviste, por dónde es que andas?
¡Tú, que tan alegre
y vivo ladrabas...,
hay que verte ahora, cuán entristecido
y medroso ladras!
¡No tengas reparos, que te hablo sincero;
acércate, anda!
No me tengas miedo, que no soy cual ellos;
no bajes los ojos, los mismos levanta.

Y, cuando al mirarme,
veas mis miradas
que te miran dulces, como te miraron,
y, cual te prometo que lo harán mañana,
todas tus tristezas se habrán acabado
y nueva alegría verás que te embarga.

¡tú que tan alegre
y vivo ladrabas,
hay que verte ahora, cuán entristecido
y medroso ladrás!

Desde el día aciago en que injustamente
-sin que lo esperaras,
sin piedad alguna y con crueldad fría
se te echó de casa...

Tú que en otros días
la misma guardabas,
y con tus caricias, las melancolías
que nos asaltaban,
juguetón y noble,
nos las disipabas;
que tu gran cariño
siempre demostrabas,
ve la ingratitud de quienes amaste
-y defensor suyo, siempre acompañarás-,
cómo olvidadizos, duros, neronianos...,
al fin te pagaran.

¡Dime qué sentistes en tus soledades
de tan largos días de esta temporada!
¡Dime tus sufrires, lo que te ocurriera
y lo que te pasa!

¡Cuánto habrás sufrido hasta ver tu cuerpo
que infames microbios con su piel acaban!
Con penas intensas, al no tener techo, ni amor, ni cuidados,
y verte tratado, si acaso, a patadas...
Y no huyes, ¿verdad? No eres rencoroso;
tal vez porque alcanzas
a ver que cual todos, no soy
de la casa.

no eres rencoroso; y aún, al hallarnos,
con temor te acercas y con lastimeros ladridos me hablas;
no en altivo tono, tampoco humillado,
sino en doloridas, sentidas palabras,
que a tu fiel cariño así pagó dura
la perfidia humana...

aún no estás seguro de mí. ¿No te fías?
No tiemble tu cuerpo, recobra la calma...
Yo soy uno, sí uno de los hijos de aquella familia
que te echó de casa;
pero ausente de ella en aquel instante, no pude evitarlo;
y, aunque te he buscado, jamás te encontraba...

Pero al fín nos vimos! Y ahora que te encuentro
te digo que vengas sin desconfianza;
que vengas conmigo sin temor alguno,
pues que, independiente, tengo otra morada...

En la que hasta el día en que al fin expires,
hallarás cariño, reposo y olvido a tus cuitas tantas;
y abrigo y sustento, ya que tú nos quieres;
¡ven conmigo, anda!



domingo, 20 de septiembre de 2009

PÍNTAME ANGELITOS NEGROS


¡Ah mundo! La negra Juana,
¡la mano que le pasó!
Se le murió su negrito;
si, señor.

 ¡Ay compadrito del alma,
tan sano que estaba el negro!
Yo no le acataba el pliegue,
yo no le miraba el hueso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco,
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendría dispuesto;
Ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo.

 Desengáñese comadre,
que no hay angelitos negros.
Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo;
que cuando pintas tus vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero;
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Angel de buena familia
no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.

Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,
porque para eso lo tienes
calientito y de los buenos.

Aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo
donde hayan dejando entrar
al cuadro angelitos negros.
Y entonces, ¿a dónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento?

Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintes angelitos
acuérdate de tu pueblo,
y  al lado del ángel rubio,
y junto al ángel trigueño,
aunque la Vírgen sea blanca,Píntame angelitos negros.

jueves, 17 de septiembre de 2009

EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS



Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubios cabellos
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.

La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.

Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubios cabellos
la mira muy fijo, con mirar intenso.

Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.

Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
una salmantina de rubios cabellos
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
el seminarista de los ojos negros;
Cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
en vez de sotana, marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla:  —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
Por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.

Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos…
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos…
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo…
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros…



lunes, 14 de septiembre de 2009

NOCTURNO

Padre nuestro, que estás en los cielos,
¿Por qué te has olvidado de mí?

Te acordaste del fruto en febrero,
al llegarse su pulpa rubí.

¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!


Te acordaste del negro racimo
y lo diste al lagar carmesí,
y aventaste las hojas del álamo
con tu aliento, en el aire sutil.

¡Y en el ancho lagar de la muerte
aún no quieres mi pecho oprimir!


Caminando, vi abrir las violetas,
el falerno del viento bebí,
y he bajado, amarillos mis párpados
por no ver más enero ni abril.


Y he apretado la boca, anegada
de la estrofa que no he de exprimir.

¡Has herido la nube de otoño
y no quieres volverte hacia mí!


Me vendió el que besó mi mejilla,
me negó por la túnica ruin.


Yo en mis versos el rostro con sangre,
como tú sobre el paño, le di;
Y en mi noche del huerto me han sido:
Juan, cobarde, y el Angel hostil.


Ha venido el cansancio infinito
a clavarse en mis ojos, al fin;
el cansancio del día que muere,
y el del alba que debe venir;
¡el cansancio del cielo de estaño
y el cansancio del cielo de añil!


Ahora suelto la mártir sandalia
y las trenzas, pidiendo dormir.
Y perdida en la noche, levanto
el clamor aprendido de tí:
Padre nuestro, que estás en los cielos,
¿Por qué te has olvidado de mí?

sábado, 12 de septiembre de 2009

TOITO TE LO CONSIENTO


¿Te acuerdas de aquella copla

que escuchamos aquel día

sin saber quién la cantaba
ni de qué rincón salía?...
¡Qué encanto! ¿Verdad?
¡Qué duende, qué sentimiento,
pero qué estilo, qué voz!
Creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.

"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare,
que una mare no se encuentra
y a tí te encontré en la calle".

No vayas a figurarte
que esto va con intención,
tú sabes que por tí tengo
grabao en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios, uno y trino,
le entregó por compañera.
Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".

Y me enterao casualmente
de que le faltaste ayer.
Y nadie me lo ha contao;
nadie, pero yo lo sé.
Que tengo entre dos amores
mi cariño repartío,
si encuentro el uno llorando
es que el otro lo ha ofendío;
y, mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes:
¿Quieres un vestío?...catorce.
¿Quieres un reloj?... Con brillantes.
Ni me importa que la gente
venga de mí murmurando
que si soy pa tí un muñeco
que si me has quitao el mando...

Que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros,
por donde se va a los mares
el río de mi dinero.
Que yo con tal de que nunca...
de mi lao te separes...
"Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare".

Porque ese mimbre de luto
que no levanta la voz,
que en seis años no ha tenío
contigo ni un sí ni un no,
que anda como pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira.
Que me crió con su sangre,
y me guiaba la mano
para que me persignara
como to fiel cristiano;
y en las candelas del hijo
consumió su juventud
cuando era...cuarenta veces
mucho más guapa que tú;
tienes que hacerte la cuenta
que la has visto en los altares
e incártele de rodillas
antes que hablarle a mi mare.
Porque el amor que te tengo
se lo debes a su amor.
Que yo me casé contigo
porque ella me lo mandó.

Con que a ver si tu conciencia,
se aprende esta copla mía,
muy semejante a aquel cante
que escucháramos un día,
sin saber quién lo cantaba
ni de qué rincón salía.

"A la mare de mi alma
la quiero desde la cuna.
Por Dios, no me la avasalles
que mare no hay más que una
y a ti te encontré en la calle".

domingo, 6 de septiembre de 2009

LA HIGUERA

Porque es áspera y fea;
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

 En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten…

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
 Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido,
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:

 Hoy a mi me dijeron hermosa.

martes, 1 de septiembre de 2009

VERDADES AMARGAS


Yo no quiero ver lo que he mirado a través del cristal de la experiencia; el mundo es un mercado donde compran honores, voluntades y conciencias.

 Amigos: es mentira, no hay amigos;la amistad verdadera es ilusión; ella cambia, se aleja y desaparece con los giros que da la situación.

 Amigos complacientes sólo tienen los que disfrutan de ventura y calma; pero aquellos que abate el infortunio sólo tienen tristezas en el alma. Si estamos bien, nos tratan con amor,nos buscan, nos invitan, nos adulan; mas si acaso caemos, francamente, sólo por cumplimiento nos saludan.

 El que nada atesora nada vale y en toda reunión pasa por necio,y por más nobles que sus hechos sean, lo que alcanza es la burla y el desprecio.

 En este laberinto de la vida donde tanto domina la maldad, todo tiene su precio estipulado: el amor, el parentesco y la amistad.

 Lo que brilla no más tiene lugar, aunque brille por oro lo que es cobre; lo que no perdonamos en la vida es el atroz delito de ser pobre.

 Nada en el mundo es perfecto, puro y sano: todo se halla a lo impuro entremezclado el mismo corazón, con ser tan noble, cuántas veces se encuentra enmascarado.
 Existe la virtud, yo no lo niego, pero siempre en conjunto defectuoso; hay rasgos de virtud en el malvado, hay rasgos de maldad en el virtuoso.

 La estupidez, el vicio y hasta el crimen podrán tener su puesto señalado; las llagas del defecto no se ven si las cubre un diamante bien cortado.

 Y a nadie habrá de herir lo que aquí digo, porque ceñido a la verdad estoy, me dieron a libar hiel y veneno, veneno y hiel en recompensa doy.

 Y si peco en las palabras toscas de estas líneas oscuras y sin nombre, doblando mis rodillas en el polvo

¡pido perdón a Dios y no a los hombres!...


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